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¿Zombis o Fantasmas? II

5–7 minutos

La física cuántica también ha aportado su granito de arena a la explicación sobre la consciencia. Una propuesta muy interesante viene de la mano del físico Roger Penrose y el anestesista Stuart Hameroff. Penrose sostiene que la relatividad general se puede llevar a escala muy pequeña. Al igual que una gran masa puede causar una curvatura del espacio-tiempo, las partículas cuánticas que se encuentran en dos lugares al mismo tiempo (superposición) pueden crear entre ellas una pequeña cantidad de curvatura resultando una bifurcación en la geometría del espacio-tiempo que se auto-colapsa hacia una curva u otra.

Si para la “interpretación de Copenhague” la medida produce el colapso de la función de onda y para Von Neumann es necesario que exista un “observador” externo al sistema que escape al comportamiento de la mecánica cuántica, para Penrose la superposición cuántica también puede ser colapsada mediante la observación consciente, pero el problema surge cuando el sistema en superposición no puede ser observado desde fuera como la actividad cuántica que se produce dentro del cerebro. En ese caso, explica que al encontrarse el espacio-tiempo también en superposición se auto-colapsa al existir una diferencia de energía superior a un quantum de gravedad (gravitón), es decir, se produce por una cuestión física (objetiva). Cuando esto sucede surge la conciencia, por tanto, la conciencia no causa el colapso de la onda, sino que la conciencia es el colapso de la función de onda. Para llevar esta explicación al cerebro contó con la colaboración de Hameroff elaborando la teoría de la “Reducción Objetiva Orquestada”.

Se había observado que la anestesia desconectaba la mente porque interaccionaba con una proteína de los microtúbulos denominada tubulina. Los microtúbulos son unas estructuras que se encuentran en las neuronas con un tamaño de 25 nanómetros de diámetro y un milímetro de longitud formadas por dímeros de la proteína tubulina dispuesta en 13 columnas. Los dímeros están formado por dos subunidades (alfa y beta) que puede tener dos configuraciones geométricas distintas dependiendo de que el electrón situado entre ambas se desplace hacia una u otra posición. La tubulina se encuentra en superposición cuántica en esos dos estados y se comporta de forma activa e inactiva como si fueran bits informáticos equivalentes a 1 y 0. En estado normal se encontrarían en “entrelazamiento cuántico” formando “qubits”. Cada qubit es un dímero de tubulina. Los cambios de estado de las tubulinas se propagan un millón de veces más rápido que las señales neuronales. 




¡¡¡Un millón de veces más rápido que las señales neuronales!!!

Cada neurona posee 10 millones de unidades de tubulina y existen cien mil millones de neuronas en el cerebro. Cuando se llega a un nivel determinado de coherencia en el microtúbulo (existe coherencia mientras dura la superposición) el desplazamiento de estas proteínas provoca un incremento de energía superior al gravitón, produciéndose la reducción objetiva, es decir, el colapso de la onda cuántica y reduciéndose los múltiples estados conscientes posibles a uno solo que sería el responsable de producir los qualia. Entre la fase de reducción y la de nuevo incremento de coherencia cuántica surge la conciencia. La conciencia es pues discontinua, pero al igual que los fotogramas de una película, nos parece continua por la rapidez con la que suceden, unas 40 veces por segundo. 

A pesar de la similitud entre cerebro y computadora, Penrose defiende que la actividad mental no puede reducirse a la computación, es decir, que no puede ser reproducida por un ordenador. 

Hameroff opina que cuando el corazón deja de latir y la sangre deja de fluir, los microtúbulos pierden sus estados cuánticos, pero la información cuántica que reside en ellos no se destruye, sino que se disipa en el universo. Si un paciente no es resucitado y muere, esta información podría existir fuera del cuerpo indefinidamente, como si fuera algo parecido al alma. La teoría de la “Reducción Objetiva Orquestada” se basa en la creencia de que dentro de la geometría cuántica del espacio-tiempo a escala de Planck y desde el big bang existe una especie de conciencia (protoconciencia).  La actividad cuántica de los microtúbulos es la que permite la conexión con esta protoconciencia. Este enfoque se puede encuadrar dentro de un pansiquismo especial, pues defiende que la conciencia forma parte del universo en su nivel más pequeño y primordial posible.

¿Pero qué es el pansiquismo?

Para esta creencia hasta las partículas elementales que existen a nivel microscópico poseen propiedades mentales, pues considera que la mente es un elemento fundamental y omnipresente de todo el universo. No se trata, por ejemplo, de que una piedra posea una mente, sino que las partículas elementales que forman la piedra a nivel microscópico la poseen. 

Que no, que las piedras no tienen pensamientos

Y cuando se habla de mente hay que distinguir entre pensamiento y conciencia. La conciencia está relacionada con la experiencia, es decir, la capacidad de percibir el mundo y sentirse vivo. Los seres humanos poseemos una experiencia rica y compleja, pero a medida que la comparamos con los animales y las plantas se va perdiendo complejidad hasta llegar a los componentes básicos de la realidad (electrones, quark…) cuya experiencia sería extremadamente básica. Por otro lado, el pensamiento al ser mucho más sofisticado que la conciencia se duda que se pueda atribuir a las partículas elementales. Por tanto, no, no es posible que un electrón pueda tener esperanzas o sueños. La principal crítica que se hace al pansiquismo es cómo estas partículas diminutas y simples de conciencia se combinan para formar una conciencia más compleja.

Si existe procesamiento de información, existe consciencia

La forma más simple de conseguir leyes fundamentales que relacionen el pensamiento con la física es vinculando la consciencia a la información, es decir, siempre que existe procesamiento de información existe consciencia. Cuanto más complejo sea dicho sistema, como el de un ser humano, más compleja será la consciencia (existe una forma matemática de medir si un sistema es consciente mediante la “Teoría integrada de la información” de la que hablaremos en la siguiente entrada). 

¿Se podría saber entonces si es consciente el cosmos en su conjunto?

Desde esta perspectiva lo que sí se podría afirmar es que existe consciencia en las computadoras pues éstas poseen un proceso de información complejo e integrado y cuanto más sofisticadas se vuelvan más compleja será su consciencia.

Referencias:

 Una exploración de la conciencia cuántica. (Entrevista con Stuart Hameroff) Tom Huston y Joel Pitney . EnlightenNex, número 46 (2010)

La posibilidad de una “neurociencia cuántica” según Roger Penrose.  Desiderio Parrilla Martínez THÉMATA. Revista de Filosofía Nº 54, julio-diciembre (2016)

– Somos fragmentos de naturaleza arrastrados por sus leyes. Martín López Corredoira

– Roger Penrose y la biofísica cuántica de la mente. Joaquín González Álvarez. H Enciclopedia 

– Aspectos biosemióticos de la conciencia. Oscar Castro García. Pensamiento, vol. 62 (2006), núm. 234

– Nuevas teorías sobre la consciencia. Javier Andrés García Castro. Neurobiología. Revista Electrónica 

– Panpsychism.Stanford Encyclopedia of Philosophy

– Panpsiquismo: cómo es la teoría de que todo, desde una roca hasta una casa… BBC News Mundo

Game Over III

6–9 minutos

Hasta ahora hemos expuesto la teoría de la simulación como experimento mental , pero…

¿podríamos tener algún tipo de evidencia científica de que vivimos en un mundo simulado?

Si viviéramos dentro de un programa informático, todas las leyes de la física que experimentamos serían simuladas, todas menos una: la velocidad del procesador del ordenador. Y es que por muy realista que fuera el juego de simulación estaría sometido necesariamente a dicha velocidad y esto dejaría un rastro que podría detectarse desde dentro. En nuestro universo existe un límite impuesto de velocidad que nada lo puede rebasar: la velocidad de la luz.

Poner un límite a la velocidad de la luz y evitar sus variaciones haría que las simulaciones fueran más predecibles y fáciles de programar. Por ejemplo, el electromagnetismo sería más complicado si estuviera que estar ajustándolo a la velocidad local de la luz. De ser así, las leyes fundamentales de la física podrían ser diferentes en distinta regiones del universo, lo que complicaría la simulación. El tiempo también se vería afectado si la velocidad de la luz no fuera constante, además, incluso podría dar lugar a nuevas paradojas (como las de los gemelos) difíciles de manejar.

Nada puede superar la velocidad de la luz en este universo, en Star Wars es otra cuestión

Por otro lado, un procesador sobrecargado haría que la simulación fuera más lenta, en nuestro universo esto sucede en las proximidades de los agujeros negros al hacer que el tiempo vaya más lento, tal y como lo concibe la Teoría general de la Relatividad de Einstein.

Además, el procesamiento de la información necesita que todo esté digitalizado o pixelado, es decir, que toda la simulación esté compuesta de elementos diminutos de información que no pueden dividirse más, estos son los bits. En nuestro universo también existe un límite de longitud, masa, temperatura, tiempo y carga, que son las unidades básicas de Planck, a partir de ellas la física deja de tener sentido, haciendo que el mundo parezca pixelado.

Nada puede ser más pequeño que las unidades básicas de Planck

Para Houman Owhadi, experto en matemáticas computacionales del Instituto Tecnológico de California, si la computadora de la simulación no tiene una potencia de cálculo infinita porque tiene recursos limitados, entonces se podría detectar atajos informáticos para ahorrar recursos a través de experimentos de física cuántica. Si a nivel cuántico todo se encuentra en una superposición de estados hasta que es observado o medido, lo que provoca el colapso de la onda de probabilidad hacia algunos de los estados posibles, si realmente viviéramos en una simulación dicho colapso no existiría porque todo se decidiría cuando se observa ¿para qué la superposición de estados? Sería un ahorro de recursos. Esto es igual que en un videojuego, donde sólo se genera las partes del programa que los jugadores pueden ver. Para comprobar si esto es así, ha diseñado cinco variaciones del experimento de la doble rendija (este experimento lo podemos ver en la entrada «¿Alguien Ha Visto Un Lindo Gatito?») para hacer fracasar la simulación, pero no está seguro de que tales dichos experimentos puedan funcionar.

El experimento de la doble rendija cuando hay un observador mirando

Melvin Vopson, profesor de Física de la Universidad de Portsmouth, trabaja en el área de la infodinámica, disciplina que considera que todo el universo está formado por bits de información (esta idea ya la vimos de la mano de Jonh Wheeler en la entrada “Creadores de Matrix”) y estudia el vínculo entre la información y la energía. Él plantea que la detección de los bits de información en nuestro universo probaría la simulación, ya que éstos representan el código de la misma. Según el principio de equivalencia masa-energía-información (donde se establece que la masa puede expresarse como energía o información y al contrario), los bits de información podrían tener una masa pequeña que podría medirse. El experimento que propone sería “borrar” la información contenida en las partículas elementales y “pesar” los bits que serían el contenido restante. Si tan solo quedara un vacío completo y ausencia de masa, la teoría de la simulación quedaría refutada. Si quedara algo, éste sería el código del programa de la simulación. Incluso ha creado un crowdfunding par recaudar financiación para su experimento. Vopson ha calculado cuanta información se necesitaría para compensar la materia oscura que falta en el universo, dando como resultado 10 elevado a 93 bits de información a una temperatura de 2,73 Kelvin. Piensa que todas las cosas que faltan en el universo, que es el 95% del mismo, podrían ser el programa que ejecuta la simulación.

Materia y energía oscura serían el código del programa

Zohreh Davoudi, físico de la Universidad de Maryland, busca también los fallos detectables producidos por las limitaciones de la simulación. Uno de ellos es que mientras se ejecuta la simulación se podrían acumular errores con el tiempo. En nuestro universo implicaría tener que ajustar las constantes de las leyes de la naturaleza y estos cambios, aunque muy pequeños, podríamos detectarlos a medida que se gana precisión en las mediciones de dichas constantes. Pero, Davoudi reconoce que, aunque encontráramos dicha variación no implicaría por ello que vivamos en una simulación, ya que podría haber otras explicaciones.

Algunas constantes universales que podrían variar

Silas Beane, físico nuclear de la Universidad de Washington en Seattle, señala que los científicos suelen usar una red para simular el comportamiento de las partículas subatómicas. Si los simuladores también construyeron la realidad sobre una red no podría haber nada en nuestro universo más pequeño que la resolución de dicha red. Y si este límite no se pudiera observar directamente podría detectarse mediante experimentos. De existir esta red en nuestro universo podría afectar al comportamiento de las partículas ultraenergéticas denominadas rayos cósmicos, pues afectaría a su orientación e intensidad máxima. Con instrumentos como el Telescope Array, formado por una red de 500 detectores repartidos por el desierto de Utah, se podría buscar estas anomalías. Beane y sus colegas consideran factible hacer estas mediciones, aunque reconocen que sería una tarea delicada.

El Telescope Array detectando el segundo rayo cósmico de mayor energía jamás registrado

Preston Greene, profesor adjunto de Filosofía de la Universidad Tecnológica de Nanyang, defiende que si realmente viviéramos dentro de una simulación creada por una civilización superior con fines de investigación, realizar algún tipo de experimento para comprobar si esto es así, podría suponer la aniquilación de nuestro universo. Igual que cuando se prueba un medicamento es necesario que los pacientes no sepan si le les suministra éste o un placebo, ya que si se enteraran la prueba perdería su sentido y se suspendería, si probáramos que vivimos en una simulación podría provocar que nuestros creadores pongan fin a la misma y destruyan el mundo.

Por tanto, ¿valdría la pena correr el riesgo?

De ser verdad que vivimos en una simulación puede que sea cuestión de tiempo (aunque sea mucho tiempo) que se encuentren pruebas que así lo demuestren. Conocer el código nos permitiría poder predecir eventos futuros y, por tanto, tomar las decisiones oportunas. También podríamos tener una mayor conocimiento sobre la naturaleza de la existencia y la finalidad de la simulación, es decir, contestar a preguntas filosóficas como quiénes somos y por qué estamos aquí, uno de los grandes misterios de nuestra existencia.

Incluso podríamos terminar hackeando el código si no nos gusta… ¿Quién sabe?

Aunque si el objetivo de los programadores de nuestro mundo fuera averiguar el tiempo que podemos tardar en descubrir que vivimos en una simulación para después ponerle fin, quizás lo mejor sería que no lo descubramos, así nunca aparecería en la pantalla de nuestra existencia un letrero donde ponga…

Referencias:

Game Over II

4–6 minutos

Son muchas las implicaciones filosóficas que plantea la posibilidad de vivir en un mundo simulado. Por ejemplo, si somos parte de una simulación… ¿Cómo es que tenemos un cerebro consciente?

La posibilidad de que se pueda reproducir la consciencia en un medio no biológico ha dado lugar a grandes debates como también comentamos en en las entradas “¿Zombis o Fantasmas? I” y “Más allá de la singularidad II”.

El filósofo David Chalmers cree que los cerebros simulados podrían tener conciencia igual que si fueran reales y nos propone un experimento mental que consiste en reemplazar las neuronas de un cerebro humano, una por una, por chips de silicio que duplicarían la funcionalidad de las neuronas. Al hacerlo de esta forma no se puede esperar que la consciencia se desvanezca durante el proceso o de forma repentina, sino más bien se conservaría dentro de un cerebro totalmente de silicio.

¿Podría tener conciencia un cerebro simulado?

En su libro «Reality+: Virtual Worlds and the Problems of Philosophy», distingue entre “bio-sims” que tienen un cuerpo real fuera de la simulación y los “sims puros”. Si tomamos como referencia la película “Matrix”, los primeros serían el equivalente a Neo y Trinity que poseían cerebros biológicos, aunque sus mentes se encontraban dentro de la simulación y los segundos serían equivalentes a los “agentes” cuyos cuerpos y mentes estaban creados por la computadora. De esta forma tienen cabida en la teoría de la simulación quienes defienden que la consciencia solo puede darse en un cerebro biológico (bio-sims) y los que piensan que podría surgir dentro de la propia simulación (sims-puros).

Neo es un bio-sim y los agentes son sims puros

Respecto a considerar a los programadores de la simulación como dioses, Chalmers opina que no tienen que ser necesariamente buenos o sabios, y nos propone que imaginemos que se trate tan solo de un hacker adolescente encerrado en su habitación dentro de un universo superior, lo que situaría la simulación en algo muy lejano a una religión.

Está de acuerdo con la posible existencia simulaciones dentro de simulaciones, pero no de manera infinita, como en la vieja historia donde el mundo está sentado sobre una tortuga, y ésta sobre otra, y así sucesivamente. Es más intuitivo pensar que debe existir una realidad básica que no se encuentra dentro de ningún otro universo, aunque siempre se puede dudar de si es realmente necesaria. Lo peor sería que viviéramos en una simulación perfecta, es decir, que los programadores hubieran conseguido simular la física perfectamente y que todo evolucionara conforme a ésta, entonces no podríamos saber nunca si nos encontramos en una simulación o no.

En algún lugar debe existir el nivel básico de la realidad

Si pudiéramos estar seguros de que vivimos en una simulación puede que quisiéramos escapar de ella o que quisiéramos ponernos en contacto con los programadores, pero para Chalmers esto no significaría que la vida no tuviera sentido. Lo importante no es de lo que está hecho el mundo sino las experiencias conscientes y las relaciones con otras personas, y eso está siempre presente ya sea en una simulación como en la realidad.

El economísta Robin Hanson, opina diferente a Chalmers. En su artículo «Cómo vivir en una simulación» opina que si nuestros descendientes fueran capaces de hacer simulaciones, entonces es seguro que estamos viviendo en una de ellas. Y aunque no lleguemos a saber las razones y la naturaleza de dichas simulaciones, nos podríamos guiar por las que se realizan en la actualidad.

Nos propone como ejemplo una simulación de una fiesta creada para un invitado en particular. Si éste quisiera abandonarla y salir a la ciudad, las personas simuladas de la fiesta podrían ser «borradas» y «reemplazadas» por otras que deambulen por la misma calle que recorre el invitado. Entonces, si supiéramos que vivimos en dicha simulación y quisiéramos sobrevivir el mayor tiempo posible, querríamos disuadir a quien tuviera intención de marcharse de de la fiesta para que ésta no acabase antes de tiempo y nos aseguraríamos de que el invitado no se aburriera.

Si no somos de utilidad, seremos borrados

Es decir, conocer la naturaleza de la simulación podría hacer que nuestra vida durara más tiempo, que fuéramos más felices, pero a cambio, tendríamos que entretener al simulador que nos observa. Esto podría implicar convertirnos en personas divertidas, violentas, extrañas, heroicas, sexis, etc. y no necesariamente tener que ser virtuosos. Así que, cualquier motivación que se tuviera para el futuro, como ahorrar para la jubilación, por ejemplo, o ayudar a los pobres de Etiopía, no tendría sentido porque comprenderíamos que no tendríamos jubilación y que no existiría Etiopía. Por tanto, sería mucho mejor que nos preocupáramos menos por los demás y más por vivir el presente.

Puede ser que nunca sepamos con seguridad si vivimos en una simulación o no, sería difícil comprobarlo sobre todo si la realidad se simulara de forma perfecta, como opina Chalmers. Sin embargo, algunos científicos han ideado experimentos para encontrar “pistas” en nuestro universo que delate esta posibilidad.

Si quieres saber cuáles son no olvides pasarte por la tercera entrada.

Referencias:

Game Over I

6–9 minutos

¿Has sentido alguna vez que eres un personaje de un videojuego? ¿Que las situaciones que vives diariamente son las pruebas para superar sus distintos niveles? ¿Que las personas que te rodean y los paisajes que ves son solo rellenos del programa? ¿Cómo sabemos que no vivimos en una realidad falsa de la que no podemos escapar?

Dudar de que nuestra existencia sea “real” y no un sueño, un mundo paralelo o un engaño, ha estado presente en la filosofía, en la literatura e incluso en la ciencia a lo largo de la historia.

Ya en el siglo V a. C. Platón nos presentaba su “Teoría de las Ideas” a través de varias obras como “La República” y “Fedón” y sobre la cuál nos hemos referido en la entrada “El Alfabeto del Universo”. En el siglo IV a. C. el filósofo chino Zhuangzi dudaba sobre la realidad en su “Sueño de mariposa” donde Zhuang Zhou soñó que era una mariposa feliz y que al despertar de repente no sabía si había soñado que era una mariposa o una mariposa había soñado que era Zhou.

Zhuang Zhou a la hora de la siesta

En 1641, el filósofo René Descartes concibió en la primera de sus “Meditaciones Metafísicas” la existencia de un “genio maligno” que nos engañaba y nos hacía creer que todo lo que conocemos del mundo era solo una ilusión de nuestra mente, sin ninguna existencia real.

Más contemporáneo a nuestro tiempo y, quizás, la propuesta más sorprendente por venir de la ciencia, se resume en la “Paradoja del cerebro de Boltzmann”. Un cerebro de Boltzmann es una entidad hipotética consciente de si misma y que flota en el espacio, dentro de él se produce la ilusión del mundo en el que vives, un mundo que no existe realmente.

Tú puedes estar un cerebro de Boltzmann y no saberlo

Esta “descabellada” idea de la falsa realidad ha llegado incluso al cine, siendo una representación mítica la película “Matrix” de 1999, dirigida por las hermanas Wachowski, donde los humanos viven dentro de una realidad creada por máquinas. Y puede que inspirado por ella, surgió un curioso experimento mental conocido como «La teoría de la simulación» que no tiene desperdicio.

Fue Nick Bostrom, filósofo y profesor universitario, vinculado al transhumanismo, quien en el año 2003, nos planteó en su artículo “¿Vive en una simulación de computadora?” la posibilidad de que en el futuro exista una sociedad posthumana con unas capacidades cognitivas tan avanzadas, que haya podido desarrollar un gigantesco potencial informático con el que replicar a humanos conscientes. Esos humanos estarían insertados, a su vez, en una simulación virtual que reprodujera un mundo igual al que vivimos. Bostrom lo llama “simulación de ancestros”.

Pero ¿para qué iban a querer los posthumanos gastar su tiempo y recursos en crear una simulación así?

Pues para fines científicos, para aprender de una recreación de un momento preciso de la historia o simplemente como diversión, como cuando nos entretenemos jugando a “Los Sims”.

Los «Sims» en acción

Si esto fuera correcto, la conclusión sería que nosotros y nuestro mundo sería tan solo una simulación ejecutada por dicha generación posthumana. Para comprobar dicha posibilidad, Bostrom parte de tres premisas de las cuales, al menos una de ellas, considera que tiene que ser cierta. Dichas premisas son las siguientes:

1.- Es muy probable que la especie humana se extinga antes de alcanzar la etapa posthumana

2.- Es extremadamente improbable que cualquier civilización posthumana ejecute un número significativo de simulaciones de su historia evolutiva

3.- Es casi seguro que vivamos en una simulación por computadora.

Sobre la número 1, afirma que es casi seguro que la humanidad no alcanzará un nivel posthumano porque ninguna especie en nuestro nivel de desarrollo lo consigue, por lo que es difícil justificar que la nuestra sea una excepción. Como vimos en la entrada “¿Hay Algún Alien en la Sala? II” una hipótesis del porqué no hemos tenido contacto con alguna civilización extraterrestre es debido a la existencia de el “Gran Filtro”, es decir, por una serie de eventos que hace que muy pocas civilizaciones consigan llegar a una etapa posthumana. La nuestra podría extinguirse por la caída de un meteorito o por el desarrollo de una inteligencia artificial peligrosa, como vimos en la entrada ”Mas allá de la singularidad I”.

Al final, si no es un meteorito, algo acabará con nosotros

Sobre la número 2, concluye que sólo una fracción insignificante de civilizaciones posthumanas querrían ejecutar simulación de ancestros. Esto implica que todas estas civilizaciones convergen en algún tipo de prohibición ética que impida ejecutar simulaciones por el sufrimiento que se le pudiera provocar a los seres de la simulación. También puede ser que el valor científico que pudiera tener la simulación de ancestros, para las civilizaciones posthumanas, fuera insignificante e incluso como actividad recreativa, considerándola como una forma muy ineficaz de obtener placer. Esto implicaría que las sociedades posthumanas serán muy diferentes a las actuales y no contendrán personas relativamente ricas con deseos similares a la de los humanos actuales (porque a los humanos actuales se supone nos gusta hacer estas cosas) y libres para realizar dichas actividades.

Puede que a los posthumanos no les guste jugar con los sentimientos de los seres simulados

Sobre la número 3, concluye que el universo observable es sólo una pequeña parte de la totalidad de la existencia física y que la física del universo donde se encuentra la computadora que ejecuta la simulación puede no tener que parecerse al nuestro (porque hay que tener en cuenta que la computadora se encuentra en el nivel fundamental de la realidad y nosotros no). Incluso puede suceder que las civilizaciones simuladas se vuelvan, a su vez, posthumanas y lleguen a ejecutar sus propias simulaciones en máquinas virtuales. Esto nos podría hacer concluir que los posthumanos que ejecutan nuestra simulación sean también seres simulados por otros creadores, y éstos, por otros. Por tanto, la realidad estaría compuesta de muchos niveles que irían aumentado con el tiempo. Claro que esta hipótesis de multiniveles podría incrementar mucho el costo de las computadoras del nivel fundamental de la realidad (¡su potencia tendría que ser indescriptible!) por lo que para ahorrar, podrían extinguir a nuestra civilización antes de alcanzar la posthumanidad (lo que no sería muy buena noticia)

Multiniveles anidados

Respecto a los multiniveles, Bostrom establece una analogía con la religión, ya que los posthumanos que ejecutan la simulación serían dioses en relación a los habitantes simulados, pues ellos crearon su mundo; serían de inteligencia superior; serían omnipotentes, porque podrían interferir en nuestro mundo violando sus leyes físicas; y serían omniscientes, ya que podrían controlar todo cuanto sucede dentro de éste. Sin embargo, todos los semidioses (dioses simulados) estarían sujetos a las sanciones de los dioses más poderosos que han creado su mundo, con excepción de aquellos que habitan el nivel fundamental de la realidad. Una conclusión que obtiene Bostrom es que los seres humanos aceptaríamos que el trato recibido por nuestras acciones, las recompensas obtenidas y castigos infligidos dependerían de criterios morales de nuestros simuladores, y éstos a su vez, de los suyos, lo que movería a todos los niveles a comportarse de manera virtuosa. Incluso los habitantes del nivel fundamental de la realidad estarían envueltos en esta espiral moralista al no estar seguros completamente de vivir en dicho nivel fundamental.

En manos de la moral de nuestros dioses

También puede suceder que las simulaciones se realizaran de forma que incluyan tan solo a un pequeño grupo de personas, o incluso, a solo un individuo, convirtiéndose el resto de la humanidad en una especie de zombis, es decir, humanos apenas suficientemente esbozadas para que los verdaderamente simulados no notaran nada raro. Esta idea sería similar a la idea del “zombi filosófico” como vimos en la entrada “¿Zombis o Fantasmas? I». Esto saldría más barato. Y si se reducen partes de la vida de los seres simulados y se reemplaza el intervalo por recuerdos falsos, todavía lo sería más.

Al final, Bostrom concluye que si la posibilidad 1 es cierta, entonces nos extinguiremos antes de llegar a la posthumanidad. Si es cierta la 2 entonces todas las civilizaciones avanzadas convergerán de manera que en ninguna de ellas existan seres relativamente ricos que quieran ejecutar simulaciones y sean libres para hacerlo. Si la 3 es cierta, entonces es seguro que vivimos en una simulación. Pero, considera mejor repartir la probabilidad de manera uniforme entre las tres premisas.

Son muchas las implicaciones que conlleva vivir en un mundo simulado

¿crees que saber la verdad te dejaría indiferente?

Si quieres saber más, sígueme a la segunda parte.

Referencias:

¿Hay Algún Alien en la Sala? III

7–11 minutos

Tras un encuentro con una civilización extraterrestre, lo que sucediera a continuación dependería exclusivamente del tipo de ética que caracterizara a dicha civilización, pues estaríamos en manos de unos seres más avanzados que nosotros. Y es que éstos podrían ser egoístas o universalistas. Si son egoístas, desearán maximizar su propio interés y si son universalistas desearán maximizar el interés de todos. La ética de los seres humanos suele ser antropocéntrica porque otorga valor intrínseco a todo lo que se refiere a lo humano, como la vida, la felicidad, etc. esto los convierte en egoísta frente a otras posibles civilizaciones. De todas formas, ante a un encuentro con una civilización extraterrestre, se pueden concluir diferentes consecuencias dependiendo del grado de dicho encuentro y del tipo de civilización contactada.

¿Qué pasaría si el contacto fuera una mera comunicación sin contacto directo?

Podría ser beneficioso para la humanidad porque tendría implicaciones muy profundas para la ciencia, la filosofía, la religión y la sociedad. La constatación de la existencia de extraterrestres respondería a la antigua pregunta filosófica de si estamos solos y replantearía nuestro papel en el universo como seres inteligentes.

En una encuesta realizada en Internet por Douglas Vakoch del equipo de científicos sociales del Instituto SETI, se determinó que existía una correlación entre quienes pensaban que el ser humano ocupaba un lugar privilegiado en el orden de todas las cosas (antropocentrismo) y la posibilidad de que no creyesen en la existencia de vida extraterrestre. Y es que, al igual que Copérnico desplazó a la Tierra de su posición privilegiada en el sistema solar, la existencia alienígena expulsaría a los seres humanos como seres únicos dotados de inteligencia en el universo.

El ser humano en el centro del universo

Una de las interpretaciones de la naturaleza que más han contribuido a recuperar el antropocentrismo es el principio antrópico de Barrow y Tipler, del que hemos hablado en la entrada “En el ombligo del universo” y el ajuste fino del universo explicado en “¿Qué pasaría si…?” y “Curiosidades primigenias”. Recordemos que dicho principio parte de la reflexión sobre lo sensible que son las condiciones para que exista vida en el universo y cómo ésta no podría existir si algunas de las constantes universales hubieran tenido un valor distinto. Por lo que surgía la pregunta de por qué el universo, de todas las combinaciones posibles, había adoptado la única donde la vida pudiera darse. Esto hizo que cosmólogos como John Barrow se planteara si el motivo fuera la necesidad de que surgieran observadores, es decir, vida inteligente, ya que la evolución de la vida en la Tierra había llevado de la existencia más simple a la sofisticación de los seres humanos inteligentes. Sin embargo, el principio antrópico no tiene por qué reducirse exclusivamente a la existencia de seres humanos, puede ser compatible con el surgimiento de civilizaciones extraterrestres autoconcientes, inteligentes y capaces de acumular conocimientos. El descubrimiento de vida inteligente fuera de la Tierra implicaría que existe un principio de complejidad creciente que actúa en todo el universo, que facilita el surgimiento de la vida, la inteligencia y la tecnología lo que pondría fin a esta discusión entre científicos arrastrada durante décadas.

Por otro lado, para algunas personas religiosas el mero contacto con extraterrestres pudiera resultarles dañino. Los cristianos serían los más amenazados porque para ellos Jesucristo vino a la Tierra a salvar a la humanidad específicamente y no a unos hipotéticos extraterrestres inteligentes. Al ser el único hijo de Dios, como dice la Bíblia, la idea de que se pudiera encarnar en millones de planetas con apariencia de extraterrestre sería una herejía.

La mera detección también podría provocar conflictos sociales o políticos especialmente relacionados por cómo responder o interpretar dicho contacto. Ya existen desacuerdo sobre el hecho de enviar mensajes a los extraterrestres como vimos en la entrada anterior respecto a la actividad del METI.

Llamando a la Tierra

Según el punto 7 de la “Declaración de los principios concernientes a la actividades posteriores a la detección de inteligencia extraterrestre” de la Academia Internacional de Astronáutica (IAA) , no se debería enviar ninguna transmisión en respuesta de señal extraterrestre hasta que no haya tenido lugar las necesarias conferencias internacionales. También se aconseja al descubridor que informe al gobierno del país donde se encuentre el radiotelescopio, para que después pueda convocar libremente una conferencia de prensa o una comunicación pública. Sin embargo, esto puede complicarse porque puede haber varias personas y varios países implicados. Además la información podría filtrarse antes de finalizar los tramites diplomáticos.

Otros desacuerdos estarían relacionados con quién debiera responder al mensaje. Si éste fuera preparado por un comité, estaría elaborado por un acuerdo de mínimo común entre sus miembros, por lo que, probablemente estaría compuesto por banalidades. Si la respuestas la diera un solo dirigente político o religioso se podría “liar una buena”. Si se hiciera con la colaboración de cada grupo cultural diverso se terminaría por engendrar un mensaje bastante incoherente, como sucedió con las dos naves Voyager a las que colocaron fonógrafos con grabaciones en cincuenta y cinco idiomas, sonidos de animales, selección de músicas y declaraciones de Jimmy Carter y el Secretario General de la ONU.

Las ecuaciones de Maxwell describen por completo los fenómenos electromagnéticos

Y esto nos lleva a especular cómo tendría que ser el mensaje para ser entendido y qué debería expresar. El físico teórico Paul Davies propone que tendría que estar basado en conceptos matemáticos y físicos, ya que éstos poseen un significado universal, trascienden la mente humana y nos pone en contacto con lo más profundo de la naturaleza. Cualquier ser inteligente en en universo podría demostrar los mismos teoremas matemáticos a partir de los mismos principios lógicos, y como las leyes universales de la física se manifiestan en forma de regularidades matemáticas, éstas son la clave para el entendimiento entre los humanos y los extraterrestres. Por ejemplo, si éstos conocen los principios de la radio, entonces deben conocer necesariamente las ecuaciones de Maxwell. También conocerán, por ejemplo, la teoría general de relatividad de Einstein o la teoría cuántica de campos. Si les mostramos que hemos alcanzado dicho nivel de conocimientos podrán juzgar nuestro nivel de desarrollo. Si la civilización contactada es cooperativa podría servirnos para adquirir mayor conocimientos en todas las ciencias, podríamos obtener la cura para muchas enfermedades y aprenderíamos sobre la biología y el mundo natal de los alienígenas.

Sin embargo, si la civilización de un posible contacto no fuera amigable, podríamos resultar gravemente perjudicados. Por ejemplo, nos podrían enviar información mediante un mensaje que, a modo de un virus informático, terminara por dañar nuestra tecnología. Incluso podríamos recibir información para la construcción de un dispositivo peligroso, aunque aparentemente benigno para nosotros.

¿Qué pasaría si el encuentro fuera un contacto directo?

¡Dios nos coja confesados!

Si los extraterrestres fueran egoístas como vimos antes, entonces tan solo les importaran sus propios intereses, sus vidas y su bienestar. El geógrafo Jared Diamond piensa que se pueden comportar igual que nosotros cuando hemos descubiertos a otros seres inteligentes de la Tierra, como otros humanos desconocidos o chimpancés. Podrían matarnos, infectarnos, conquistarnos, desplazarnos, disecarnos para los museos o utilizarnos para investigaciones médicas. También podrían usarnos como entretenimiento al igual que utilizamos a los leones marinos y la focas por su talento para equilibrar una pelota de goma en sus narices. Todo esto daría lugar a un conflicto de lucha entre dos civilizaciones, algo parecido a “La guerra de los mundos” de H. G. Wells donde sólo un milagro podría salvarnos.

Las civilizaciones extraterrestres universalistas también podrían dañarnos si llegasen a la conclusión que así podrían proteger aquello que valoran más. Por ejemplo, nos podrían destruir y usar nuestros recursos de manera más eficiente para otras vidas o para maximizar el número total de civilizaciones, su diversidad o alguna otra consideración importante para ellas. También podrían observar nuestra rápida y destructiva expansión en la Tierra y concluir que somos una amenaza para otras civilizaciones en nuestro proceso expansivo, por lo que nos atacarían para proteger esos otros mundos. Esta rápida expansión civilizatoria de la humanidad podría ser descubierta por los extraterrestres ya que estamos cambiando la composición de la atmósfera, por ejemplo, con la emisiones de gases de efecto invernadero, lo que se detectaría a través la firma espectral de la Tierra.

Por otro lado, puede que esas civilizaciones extraterrestres universalistas nos dañen de forma no intencionada como, por ejemplo, mediante la transmisión de enfermedades a la humanidad directamente o a organismos fundamentales para nuestra alimentación como el ganado o las plantas de cultivo. Esto podría causar la extinción generalizada de muchas especies, incluso de la humanidad.

Otra forma de dañarnos podría ser por un acto de incompetencia, por ejemplo, desatando el equivalente a una inteligencia artificial no benévola o utilizando sondas replicantes automatizadas (sondas de von Neumann), es decir, naves enviadas a otros sistemas solares para buscar materiales en asteroides, lunas, planetas, etc, y luego crear réplicas de sí mismas que serían enviadas a otros sistemas estelares. Dichas naves podrían desatar una oleada de colonización catastrófica por toda la galaxia destruyendo civilizaciones. Esto podría suceder si tales naves tuvieran un diseño defectuoso o por la intención deliberada de las sondas inteligentes.

Sondas autorreplicantes sin malas intenciones

En definitiva, no tenemos respuestas a la pregunta de si existen otros seres en algún lugar del universo que contemplen la belleza del cielo nocturno al mismo tiempo que nosotros. Pero sea cual sea la respuesta, no podemos olvidar las palabras de Arthur C. Clark:

«A veces creo que hay vida en otros planetas y a veces pienso que no. En cualquiera de los dos casos, la conclusión es asombrosa»

Referencias

¿Hay Algún Alien en la Sala? II

8–12 minutos

Si especulamos con la idea de que existen muchas estrellas bastante más viejas que nuestro sol, con planetas parecidos a la Tierra, donde se ha producido la vida y la misma evolución, esto implicaría que existirían civilizaciones más avanzadas que la nuestra. No es lo mismo el grado de tecnología que tiene la humanidad en la Tierra con 4.500 millones de años, que la que tendría una civilización en un planeta que tuviera 8.000 millones de años.

El astrofísico Nikolai Kardashev, ideó en 1964 un método para medir el grado de evolución tecnológica de una civilización según la cantidad de energía que usa de su entorno. La escala Kardashev las agrupa en tres tipos:

La civilización Tipo I estaría capacitada para usar toda la energía de su planeta. Carl Sagan creó una fórmula que situaba a la nuestra en el Tipo 0,7.

La civilización Tipo II está capacitada para usar toda la energía de la estrella a la que orbita. Una forma de hacer posible esto sería mediante un esfera de Dyson.

La civilización Tipo III estaría capacitada para aprovechar la energía disponible de toda una galaxia.

Así pues, un planeta con un millón de años por delante de nosotros, podría dar lugar a una civilización que debería haber dominado el viaje interestelar e incluso conquistado la galaxia, esto haría que su presencia fuera bastante evidente.

Sea como sea, si la conclusión es que la existencia de vida extraterrestre es probable debido a la edad y el tamaño del universo ¿cómo es posible que no nos hayamos encontrado con ella, a pesar de los muchos años de búsqueda que lleva el SETI prestando oídos a todo tipo de señales que puedan venir de la galaxia?

¿Dónde se han metido los extraterrestres?

En 1950, el astrofísico italiano Enrico Fermi, se hizo esta pregunta, de manera informal durante la hora del almuerzo junto con otros colegas con los que trabajaba en Los Álamos, Nuevo México, dando lugar a la denominada “Paradoja de Fermi” donde expone que la creencia de que el universo posee numerosas civilizaciones avanzadas tecnológicamente se contradice con nuestras observaciones que sugieren lo contrario, por lo que, nuestro conocimiento o nuestras observaciones son defectuosas o incompletas.

Enrico Fermi

A lo largo del tiempo, los científicos han especulado sobre los motivos que pudieran resolver dicha paradoja. Vamos a ver algunos de entre los muchos que se especulan:

La teoría del Gran Filtro

Esta teoría fue elaborada por el economista Robin Hanson a finales de la década de 1990. En ella nos muestra que el ser humano sigue un camino evolutivo que le debe llevar hasta la colonización del universo visible. Los biólogos han dado explicaciones de este recorrido evolutivo empezando por cómo evolucionó el ARN para reproducirse, cómo las células simples (procariotas) crecieron a su alrededor, cómo las células se volvieron más complejas (eucariotas), cómo las células se unieron en organismos, cómo los cerebros y manos evolucionaron a partir de mecanismos de control simples y cómo nuestros cerebros y manos conducen al uso de herramientas y la generación de escenarios hasta donde estamos hoy en día.

EVOLUCION

Esto implica que nuestros descendientes tienen una oportunidad de colonizar nuestro sistema solar y luego otras estrellas y galaxias, alcanzando una explosión de colonización en un plazo cosmológicamente corto, como un millón de años.

Sin embargo, el hecho de que exista el Gran Silencio (que no hayamos entrado en contacto con ninguna civilización extraterrestre) implica que uno o más de estos pasos evolutivos son muy improbables. Si se tratara del desarrollo de la vida unicelular, entonces no deberíamos esperar encontrar vida evolucionada en miles de millones de años luz de nosotros. Pero si se tratara de un paso entre nuestro momento actual y la posibilidad de explotar el universo, entonces deberíamos temer por nuestro futuro, porque un desastre existencial podría estar al acecho. Solo podemos ser optimistas si demostramos que los pasos evolutivos que ya hemos dado son más improbables de lo que parecen, si no es así, implicaría que no hemos pasado aún por el Gran Filtro.

Un filtro implica una estructura que permite el paso de un flujo de componentes hacia el otro lado, mientras impide que otros lo hagan. En la teoría del Gran Filtro el flujo está compuesto por las civilizaciones y son las características de cada especie las que determinan si se atraviesa la barrera o es capturada por ella deteniendo irreversiblemente el progreso de las mismas. Que la humanidad atraviese con éxito el filtro dependerá de si llega a comprender las características de la barrera, identifica dichas características en nosotros mismos y las neutraliza de antemano.

Desde 1945 se ha revelado que aquello que nos puede impedir el progreso puede estar relacionado con los grandes descubrimientos o invenciones porque, aunque contribuyen a nuestra evolución, también se pueden usar para fines destructivos, como por ejemplo, la división del átomo o las innovaciones biomédicas. También se ha sugerido que la inteligencia artificial (IA) puede llegar a ser otro factor de riesgo a la espera de saber si ésta será o no “amigable” en el futuro. Esto es algo de lo que hemos hablado en la entrada “Más allá de la singularidad I”. Por otro lado, la propia naturaleza también podría extinguir a la civilización humana, por ejemplo, en forma de impacto de meteorito o por un cambio climático.

Están demasiado lejos para poder contactar con ellos

Demasiado lejos

Hay que tener en cuenta que el diámetro de nuestra galaxia supera los 150.000 años luz y que nuestras señales de radio llevan poco menos de un siglo emitiéndose, por lo que éstas solo podrían haber sido detectadas en un radio de 100 años luz de la Tierra.

Lo mismo sucede si se trata de recibir señales de otros mundos. En 2020, investigadores de la Universidad de Nottingham estimaron un resultado para la fórmula de Drake de unas 36 civilizaciones activas, pero la más cercana estaría a 1.030 años luz, por lo que si les hubiéramos enviado una señal cuando nació Cristo y nos respondieran, la señal aún tardaría unos veintisiete años en alcanzarnos.

Somos los primeros en llegar

Los planetas que han de albergar vida inteligente aún están por formarse

Muchos científicos han objetado a la ecuación de Drake que no tiene en cuenta que las civilizaciones nacen y mueren, y no necesariamente tienen porqué solaparse en el tiempo. En 2015, dos astrónomos de Space Telescope Science Institute calcularon que la probabilidad de que seamos la única civilización que tendrá el universo es inferior al 8%, sin embargo, la Tierra se formó antes que el 92% de los planetas similares que podrán albergarlas. Por lo tanto, hemos llegado demasiado pronto y para cuando surjan otras civilizaciones inteligentes podremos habernos ya extinguidos.

Incluso puede suceder que el hecho de ser los primeros implique que no surjan otras nuevas, ya que nuestra expansión por el universo podría eliminarlas sin percatarnos de ello.

Pero si estamos solos en el universo ¿qué son los ovnis? ¿quiénes son aquellas criaturas humanoides con las que dicen haberse encontrado muchos testigos?

Stephen Hawking organizó, el 28 de junio de 2009 a las 12 horas. una fiesta para los viajantes del tiempo, pero no lo comentó hasta después del evento. No se presentó nadie

Hay una hipótesis que ha resurgido de la mano del Michael Masters, profesor de antropología de la Universidad Tecnológica de Montana, en la que sugiere que los OVNIS podrían estar pilotados por seres humanos del futuro y que esas extrañas criaturas humanoides podrían ser nuestros lejanos descendientes. Masters se basa en que los avances tecnológicos del futuro permitirían los viajes en el tiempo. Estos “visitantes” podrían ser antropólogos, historiadores o lingüistas que viajan al pasado para obtener información científica ya que los supuestos informes sobre abducciones son de esta naturaleza. También especula sobre la posibilidad de que sean turistas porque en el futuro podría haber quienes paguen por viajar a sus momentos favoritos de la historia. De todas formas Stephen Hawking se preguntó: “¿Dónde se meten todos los turistas temporales del futuro?” como argumento en contra de los viajes en el tiempo.

Prefieren no emitir señales por miedo

No tenemos remedio

Esta hipótesis sugiere que existen seres inteligentes en el universo, pero conocen la existencia de otras civilizaciones depredadoras y prefieren no emitir señales para no desvelarles su ubicación, Esta explicación ayudaría a entender por qué el SETI no ha conseguido recibir dichas señales. Sin embargo, hay quienes precisamente plantean lo contrario como el proyecto METI (Messaging Extraterrestrial Intellligence) que prefieren contactar con los extraterrestres enviándoles mensajes en lugar de esperar a recibirlos. Esto ha provocado la alarma entre muchos científicos porque sí insistimos en que nos localicen podríamos enfrentarnos a un peligro irreversible. Entre quienes advirtieron de esta posible negligencia estaban Stephen Hawking, Michio Kaku y el propio Carl Sagan que denominó a esta práctica del METI como “profundamente imprudente e inmadura”

La hipótesis del zoológico

Esta hipótesis asume que la vida extraterrestre existe, pero es tan avanzada que no quiere relacionarse con nosotros para no influir en nuestra sociedad o se contenta con monitorear todo desde lejos. Ya en los años setenta el radioastrónomo John Ball afirmaba que los extraterrestres “nos habían dejado aparte como un área salvaje o zoo” y recientemente esta hipótesis ha sido revisada por los investigadores del METI cuyo presidente Douglas Vakoch también especula con la posibilidad de que los extraterrestres nos estén observando al igual que nosotros observamos a los animales en un zoológico. Sería algo parecido a la “Primera Directiva “ de Star Trek que prohíbe a los seres inteligentes entablar contacto con los seres inferiores hasta que su civilización haya alcanzado el nivel de inteligencia establecido.

No estamos suficientemente avanzados para reconocer tecnología extraterrestre

¿Cómo podríamos reconocer una nave sin forma o tamaño fijos?

Cuando pensamos en las naves alienígenas lo hacemos desde el punto de vista de la experiencia humana, sin embargo, la tecnología extraterrestre puede ser muy diferente a la nuestra. Podría no estar hecha de materia, no tener forma o tamaño fijos, carecer de límites bien definidos, ser dinámica en todas las escalas de espacio y tiempo o no parecerse a nada en absoluto que podamos comprender. Así pues, ¿cómo podemos saber que no están ahí?

Pero imaginemos que se consiguiera entablar contacto con una civilización extraterrestre inteligente ¿qué pasaría entonces? Sígueme a la tercera parte

(Sígueme a la tercera parte) Próximamente

Referencias:

¿Hay Algún Alien en la Sala? I

7–10 minutos

¿Nunca te has imaginado, en una noche de verano mirando el cielo plagado de estrellas, que en algún lugar oculto entre esos millones de puntitos brillantes existe un extraterrestre contemplando la belleza del mismo cielo?

La posibilidad de la existencia de vida inteligente en otros lugares del universo es algo en lo que los científicos no se ponen de acuerdo. Para algunos, la vida inteligente es un hecho exclusivo de la Tierra y es muy difícil que se pueda reproducir en otro planeta. Para otros, la vida es un acontecimiento que se puede dar en cualquier parte del universo, por lo que encontrar vida extraterrestre inteligente sólo es cuestión de tiempo. Vamos a averiguar por qué piensan de modo tan distinto unos y otros.

La Tierra es rara de narices

El físico Paul Davis, nos dice que cuando se argumenta que el universo es tan grande que necesariamente tiene que haber vida e inteligencia en algún lugar del mismo se comete el error de confundir un condición necesaria con una condición suficiente. Aunque hubieran billones de planetas como la Tierra eso no garantiza que tengan que estar habitados. Y es que se tendrían que dar en ellos las mismas circunstancias que se han dado en nuestro planeta para que la vida sobreviviera a todos los desafíos en su contra, si no fuera así, de nada sirve que existan tantos planetas habitables. Y todo esto partiendo de que el surgimiento de la vida desde la materia inerte fuera un fenómeno común en el universo, pero no sabemos si esto es así o es producto de una serie de casualidades muy específicas de la Tierra, como pudimos ver en la entrada “Las Fuentes de la Vida”.

El paleontólogo Peter Ward y el astrobiólogo Donald Brownlee publicaron en 2020 la hipótesis de la tierra especial en su libro “Rare Earth: Why Complex Life is Uncommon in the Universe” en ella defienden que el universo es demasiado hostil para que se desarrollen las civilizaciones y sólo podría surgir vida simple. El hecho de que existamos los seres humanos en la Tierra es el producto de una serie de condiciones excepcionales muy difíciles de que se puedan repetir en otro lugar del universo. A pesar de que reconocen que el universo puede llegar a albergar dos billones de galaxias y que puedan existir planetas similares a la Tierra, éstos estarían tan lejos que aunque se viajara a la velocidad de la luz se tardarían milenios en alcanzarlos. Además, la zona habitable de una galaxia es muy pequeña ya que depende de la distancia hasta su núcleo, es decir, cuanto más cerca de éste, menos posibilidades de que pueda haber supervivencia porque suele haber supernovas, agujeros negros y bólidos debido a la intensa acción gravitacional.

En cambio, nuestra galaxia, la Vía Láctea, es inusualmente tranquila con pocas colisiones, lo que reduce el riesgo de originar supernovas, además su agujero negro central “Sagitario A*” no es muy activo. Respecto a nuestro sol, orbita alrededor del centro de la galaxia de forma casi circular sin encontrar obstáculos y solo entra en un brazo espiral (zona peligrosa por su densidad estelar) cada cien millones de años, algo que se ha relacionado con las extinciones masivas que se han producido en el planeta. Además, la estrella del sistema solar debe ser no binaria y estable (como nuestro sol) y el planeta debe situarse ni demasiado lejos ni demasiado cerca de ésta.

Si quieres saber más sobre las coincidencias que se han tenido que dar para que fuera posible la vida en la Tierra puedes ir a la entrada “Bonito Planeta, Nos lo Quedamos”

Por otro lado, astrofísicos como Chris McKay plantean por qué la inteligencia no surgió durante la evolución de los dinosaurios si tuvo suficiente tiempo para que pudiera darse. De hecho un pequeño dinosaurio conocido como Troodon, tenía un coeficiente de encefalización (índice que relaciona el peso del cerebro de las especies según su peso corporal) similar al de un pulpo y vivió hasta su extinción durante 12 millones de años. Sin embargo, la inteligencia humana evolucionó en menos tiempo desde un coeficiente parecido. El astrobiólogo Charley Lineweaver explica que en Australia no evolucionó ningún marsupial inteligente tras 50 millones de años de aislamiento físico. Tampoco sucedió en América del Norte o del Sur, ni en Madagascar, regiones que estuvieron separadas durante más tiempo del que necesitó el cerebro humano en surgir. Si la evolución de los cerebros grandes y la inteligencia fuera posible entonces ésta debería haberse producido más de una vez en la Tierra. Y es que aunque parece que deba existir una ley de la naturaleza que haga que los seres vivos evolucionen a una mayor complejidad y que el cerebro grande y la inteligencia sean su consecuencia, dicha ley no es conocida por la ciencia hoy en día.

Para el biólogo evolutivo Ernst Mayr el hecho de que la inteligencia solo se haya originado una vez en los seres humanos es debido a dos motivos. El primero es porque no es favorecida por la selección natural, lo que es algo contrario a lo que se podría suponer, y es que existen millones de especies que viven sin inteligencia superior. La otra razón es que es muy difícil adquirirla, solo es posible detectarla en cierto grado en animales de sangre caliente como aves y mamíferos, y esto es porque el cerebro necesita energías extremadamente altas.

La Tierra es sólo un planeta igual a otros muchos

La idea de que existe vida extraterrestre inteligente se intenta respaldar mediante el “principio de mediocridad” o “principio copernicano” del que ya hablamos en la entrada “En el ombligo del universo”. Uno de sus defensores más apasionados fue el científico y divulgador Carl Sagan. Este principio, recordemos, intenta demostrar que es errónea la creencia de que poseemos una posición privilegiada en el universo.

El 14 de febrero de 1990, la nave Voyager 1 se encontraba a 1600 millones de kilómetros de Neptuno y dispuesta a abandonar el sistema solar cuando Sagan, miembro del equipo de imágenes de la misión quiso que la nave girara para despedirse de la Tierra y fotografiarla. La foto también captó a Neptuno, Urano, Saturno, Júpiter y Venus. Aquel punto azul pálido, como él lo llamó, se mostraba indefenso, diminuto, muy lejos de ser el centro de nada especial. En su libro “ Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio” describe a la Tierra como “una mota de polvo en la gran envoltura de la oscuridad cósmica”. Esta fue su forma de poner a la humanidad frente a un espejo para revelarle que no es nada especial, que nuestro entorno es frágil y que, somos sólo un planeta más entre muchos que deben existir en el universo.

Imagen captada por la nave Voyager 1 en 1990

Y es que hay tantas estrellas en nuestra galaxia como galaxias existen en universo observable. Por cada grano de arena que existe en cada playa de la Tierra hay 10.000 estrellas. Los científicos calculan que de esas estrellas podría haber unos 500 millones de billones de estrellas similares a nuestro sol. Según un estudio publicado en la revista PNAS de la Academia Nacional de la Ciencias de Estados Unidos sugiere que, entre las estrellas similares a nuestro sol, un 22% podrían estar orbitadas por un planeta similar a la Tierra, lo que se traduce en un total de 100 millones de billones de planetas, esto sería como 100 planetas como la Tierra por cada grano de arena en todas las playas.

Fue el astrónomo Frank Drake quien decidió establecer de forma científica, en 1961, la cantidad de civilizaciones que podría haber tan solo en nuestra galaxia. Para ello creó una fórmula donde se identifican ocho factores que deberían influir en el desarrollo de una civilización interactuando de la siguiente forma:

N = R* · fp · ne · fl · fi · fc · L

El significado de cada parámetro se puede ver en la siguiente imagen:

El número de civilizaciones posible sería el resultado de dividir las estrellas de la galaxia por las que tienen planetas y su resultado por las que tienen planetas habitables, el resultado se divide por las que efectivamente haya surgido la vida y éste por la proporción en que se desarrolló la inteligencia, y éste por las que pueden tener capacidad de emitir señales para buscar otras civilizaciones cósmicas y éste se multiplica por su tiempo de existencia antes de que colapsen por daños autoinfligidos o por causas astronómicas.

Esta fórmula ha sido considerada como una guía para la investigación en el Instituto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) para la búsqueda de civilizaciones extraterrestres inteligentes. Inicialmente, la cifra que arrojó la fórmula de posibles civilizaciones detectables fue de 10.

Carl Sagan consideraba que el último parámetro “L” era la más difícil de calcular porque no era lo mismo que una civilización tratara de contactar durante 50 o 200 años que otras que pudieran hacerlo durante varios milenios.

Según el astrónomo José Gabriel Funes, exdirector del Observatorio Vaticano, los factores astronómicos de la ecuación son los más fáciles de calcular ya que se sabemos más o menos el número de estrellas de la Vía Láctea, el número de planetas y cuántos podrían estar en la zona de habitabilidad. El número de planetas potencialmente habitables que se maneja es de 300 millones. Los parámetros biológicos y sociales, que son los cuatro siguientes, son más complicados de determinar. Quizás por ello, se han llegado a dar resultados tan distintos como una sola civilización, veinticuatro o diez millones.

(Sígueme a segunda parte)

Referencias:

El Alfabeto del Universo

8–12 minutos

Todas las cosas de este mundo, desde las más pequeñas y cercanas a nosotros; como los átomos, las células, los árboles o los ríos, hasta las más grandes y lejanas; como las estrellas, las constelaciones o las galaxias, nos susurran información sobre sus características propias mediante un lenguaje que no tiene palabras, sino números: las matemáticas.

Su existencia no es física, no se pueden tocar, pero tampoco son algo mental como los pensamientos o las emociones. Si el universo fuera un juego de ordenador, ellas serían su código. No las vemos, pero están ahí, formando el tejido más profundo de la realidad. Si desaparecieran sería como si el mundo dejara de existir, entonces… ¿han estado aquí desde siempre o surgieron cuando empezamos a interpretar aquel susurro? si no son algo material ni mental ¿habitan en un tercer mundo? ¿o se trata tan sólo de un invento humano?

Pues, aunque parezca mentira, hasta el día de hoy no existen respuestas a estas preguntas y como sucede en estos casos, lo que sí tenemos es un amplio debate filosófico con posturas enfrentadas. Por un lado, se encuentran quienes creen que las matemáticas han existido siempre y, por tanto, la humanidad tan solo se limitó a descubrirlas; por otro lado, están quienes defienden que los seres humanos las crearon ante la necesidad de describir el mundo. Vamos a ver un poco por qué piensan así unos y otros.

Para el realismo o platonismo las matemáticas son entes que existen independientemente de si pensamos en ellos o no, es decir, son reales. Los números, conjuntos, funciones o figuras geométricas son objetos abstractos que poseen existencia objetiva y autónoma, pero no tienen una ubicación espacio-temporal y, por ello, son eternos e inmutables. Por ejemplo, el “teorema de Pitágoras” siempre será verdadero, independientemente del tiempo, el lugar o de si se utilice o no. Poseen además, unas propiedades fijas sin las cuales no serían dichos objetos. El número 6 es un número perfecto y si no lo fuera no sería un 6. En cambio, nosotros podemos tener distintas características sin dejar de ser nosotros mismos.

El origen de esta creencia procede de Platón y su “Teoría de las Ideas” según la cuál, existen dos mundos; en uno residen las ideas o las formas, es eterno e inmutable y representa la verdadera realidad; el otro es una representación del primero y es el que captan nuestros sentidos, siendo continuamente cambiante. Donde mejor explica Platón el lugar de las matemáticas es en la “metáfora de la línea” del libro VI de su obra “República”. En ella nos dice que tracemos una línea AB y la dividamos en partes desiguales por el punto C. Así obtenemos los segmentos AC y CB, siendo el primero más corto. Platón considera el segmento primero como una copia del segundo y más imperfecto que éste. Cada segmento representa distintos grados de realidad y caminos de conocimiento. A su vez, nos dice que dividamos cada segmento mediante los puntos D y E con la misma proporción de los anteriores, obteniendo una línea dividida en cuatro segmentos. El segmento CB representa el conocimiento verdadero, el AC representa la opinión. El segmento AC se subdivide en AD y DC, donde el primero representa la creencia y el segunda la imaginación. El segmento CB se subdivide en la misma proporción representando CE el pensamiento discursivo y el EB la razón intuitiva. Los entes matemáticos los sitúa en el segmento CE y se valen de los objetos físicos como si éstos fueran una imagen de aquellos, que son a su vez, imágenes de las auténticas ideas (EB) ocupando un lugar intermedio entre los objetos de la realidad física y el mundo de las ideas.

Así pues, los matemáticos descubren, no inventan, las propiedades de los objetos que estudian, pero estas propiedades no son percibidas mediante los sentidos habituales (porque no se encuentran en el mundo sensible), sino mediante una especie de “intuición intelectual”.

Una forma que tienen los platonistas de demostrar que las matemáticas ya estaban ahí antes de que llegara el ser humano es recurriendo a la propia naturaleza. Y es que el orden matemático se encuentra por todas partes, por ejemplo, en los patrones fractales. Un fractal es una estructura formada por un patrón básico que se repite de forma similar en una gran variedad de escalas. Esto lo podemos ver en las nubes, en los copos de nieve, los ríos y montañas, galaxias espirales, el sistema circulatorio y nervioso, las líneas costeras, el ADN, los anillos de Saturno, el ritmo cardíaco, los vasos sanguíneos y pulmonares, los terremotos, los árboles, la coliflor romanesco, las proteínas, los relámpagos, en las raíces, etc.

Las abejas fabrican colmenas con panales hexagonales porque, según la “conjetura del panal” en matemáticas los hexágonos son la forma más eficiente de cubrir completamente la superficie de un plano. Así asegura Darwin, las abejas habían evolucionado usando esta forma hexagonal porque produce las celdas más grandes para almacenar miel con el menor aporte de energía. También podemos encontrar en la naturaleza múltiples ejemplos de la secuencia de Fibonacci y de la proporción áurea, como vimos en la entrada “La Historia Interminable III”,

The bees store nectar in honeycomb cells made of wax. The honey is still a bit wet, so they fan it with their wings to make it dry out and become more sticky

Entre los autores que se pueden clasificar como platonistas se encuentra Max Tegmark del que ya hablamos en esa misma entrada y que defiende que las matemáticas residen en un universo paralelo.

El físico Eugene Wigner pensaba que no es casual que el mundo inanimado pudiera ser tan bien descrito por métodos matemáticos, por lo que su estructura también debía ser matemática. Consideraba que la relación entre las matemáticas y las leyes de la física era de una exclusividad inmerecida y que seria necesario extenderla a todas las ramas del conocimiento. A este comentario se le denomina “la irrazonable eficacia de las matemáticas”

Para el físico Roger Penrose existen tres mundos entrelazados: el físico, el mental y el matemático-platónico. Pero no todo el mundo matemático condicional al físico, pues existen unas matemáticas que no se correlaciona con ninguna teoría física. No todo el mundo físico condiciona al mental, sino a una parte, así el funcionamiento neurológico del cerebro influye en una parte de la mentalidad humana. Y no todo el mundo mental condiciona al matemático, solo a una parte, porque solo una fracción de la humanidad está interesada en la verdad matemática absoluta.

El filósofo y matemático Kurt Gödel también defendía que los objetos matemáticos como, por ejemplo, los números naturales y sus leyes, describen una realidad no sensible que es independiente de la actividad mental humana, pero que puede ser percibida por ella, aunque de forma incompleta. Esto implica que el trabajo humano solo pueden aproximarse a las verdaderas matemáticas objetivas, sin llegar a conocerlas en su totalidad. Estas verdades se corresponden con los objetos matemáticos del segmento inferior del «Mundo de las Ideas». Solo se puede llegar ahí mediante la inteligencia y se reproduce de forma imperfecta en el mundo sensible.

Sin embargo, el platonismo tiene un problema y es que no explica adecuadamente cómo se produce la relación entre los seres humanos y los objetos matemáticos. Si éstos no pueden ser percibidos por la vista, ni el oído, tiene que haber otras facultades cognitivas que nos aproximen a ellas, pero no sabemos en qué consiste esa especie de “intuición intelectual”. A este problema se le conoce como “el reto epistemológico al platonismo” el reto a que demuestre la forma en la que se puede adquirir ese conocimiento matemático.

En el lado opuesto a esta forma de entender las matemáticas se encuentra el idealismo subjetivo para el que el mundo físico no existe, tan solo existen las mentes y los contenidos de ésta. Por tanto, las matemáticas no son “reales” sino el resultado de la actividad mental humana y si éstos pensaran de otra forma, los objetos matemáticos serían también distintos.

El constructivismo considera la realidad como una “construcción” creada por el observador. Los objetos matemáticos los han inventado los seres humanos para satisfacer sus propósitos, por eso no es sorprendente que sean tan adecuadas para describir el mundo que nos rodea. Si el universo desapareciera, las matemáticas también lo harían, al igual que el ajedrez, el fútbol, el tenis o cualquier conjunto de reglas que han sido inventadas. Además, todos los modelos matemáticos son aproximaciones de la realidad y pueden fallar, por lo que pasan por un proceso de revisión inventándose nuevas matemáticas a medida que sea necesario. El constructivismo parte de Kant, al que le siguen Descartes, Hume y el obispo Berkeley.

Sin embargo, esta corriente tiene varios problemas y es que si las matemáticas fueran tan solo una hipótesis en la mente humana, cualquier verdad matemática podría ser formulada y demostrada, cosa que es imposible. Además, las matemáticas estarían reducidas a la psicología, por tanto, podrían variar de unas personas a otras, sin embargo, aunque cada persona pueda tener una imagen mental de lo que es un triángulo, mas grande o pequeño, de colores o en blanco y negro… lo cierto es que la definición del mismo es igual para todos, y no se puede reducir a la idea de nadie.

El filósofo de la ciencia, Karl Popper, defiende un “realismo constructivista”, es decir, una teoría a medio camino entre el realismo platónico y el constructivismo ya que considera que las matemáticas son construidas por los seres humanos, pero luego se independizan, es decir, residen que un mundo distinto con sus propias leyes que tenemos que descubrir, e incluso no podemos entenderlo del todo. Veamos un ejemplo de esto último.

El ser humano ha inventado el sistema numérico, sin embargo, sin avanzamos por éste hacia los números mayores, los números primos son cada vez menos frecuentes. Así, mientras que al comienzo del sistema numérico tenemos que el 5 y 7, el 11 y 13, 17 y 19, 29 y 31 están separados por un número par, el 73 y 79 lo están por 5 números pares y el 89 y 97 por seis. Entonces ¿significa esto que terminarán desapareciendo en algún momento conforme ascendemos o siempre habrán números nuevos aunque escasos?

Otro ejemplo lo tenemos en la “conjetura de Goldbach” formulada por este matemático en 1742 y que afirma que todo número par mayor que dos puede ser obtenido mediante la suma de dos números primos. Por ejemplo, 4 = 2 +2, 8= 5+3, etc. el problema surge cuando se quiere descomponer números tremendamente grandes con cifras de un millón, por tanto, demostrar si esta propiedad es cierta o no, no resulta nada fácil. En matemáticas existen multitud problemas de este tipo.

Para Popper, los objetos matemáticos tienen una existencia que no es física, ni psicológica, sino que es semejante a las obras de arte humanas. Así, una escultura o una composición musical no se reducen al artista sino que lo trasciende y, si éstos escuchan sus creaciones con humildad y autocrítica, recibirán sugerencias que van más allá de lo que pretendía originalmente, aprenderán de ellas y terminará por trascender sus propias facultades personales.

Referencias:

Más Allá de la Singularidad II

5–7 minutos

Es el momento de preguntarse… ¿nos traerá la singularidad tecnológica solo una explosión de inteligencia artificial? ¿o nos traerá también una explosión de consciencia artificial? Porque no es lo mismo ser inteligente (sapiencia) que ser conscientes (sintiencia). Como vimos en la entrada “¿Zombis o fantasmas?” el hecho de que pueda surgir consciencia en una inteligencia artificial es un tema poco consensuado por la comunidad científica y filosófica.
En 1950, el matemático Alan Turing propuso el “Test de Turing” para averiguar si una máquina podía hacerse pasar por un humano. Para ello ideó una prueba donde una persona realizaba preguntas, mediante un teclado y un monitor, a los participantes en la misma, entre los que se encontraba una máquina. Si el interrogador no era capaz de averiguar por las respuestas dadas, cual de ellos era la máquina, en 5 minutos de conversación, ésta había pasado la prueba, aunque no por ello significaba que fuera capaz tener pensamientos conscientes.

La habitación china de Searle


En 1980, el filósofo John Searle planteó un experimento mental denominado “La habitación china” donde una máquina era aparentemente capaz de comprender el chino, de manera que si recibía un texto en este idioma respondía con una respuesta coherente, es decir, que podría pasar el test de Turing, pus convencería a un chino de que entendía su idioma. Searle propuso sustituir la máquina por una persona encerrada en una habitación que no conociera el idioma chino, pero que estuviera rodeado de libros con las reglas para relacionar los caracteres con los que debía enviar de respuesta. De esta manera, podía hacer creer al chino que antes interrogaba a la máquina, que él también conocía su idioma, aunque en realidad no tenía ni idea del mismo. La cuestión era que, si esta persona sin entender chino, podía hacerle creer que lo entendía, de igual modo una computadora podía hacerle creer lo mismo, sin necesidad de entenderlo, pues ambos, ordenador y persona, utilizaban unas reglas para manipular los símbolos y dar una respuesta; el primero un programa y, el segundo, libros y manuales en chino.


Los defensores de la superinteligencia artificial creen que éstas pueden tener mente. Searle con este experimento niega esta idea, porque para el ordenador los símbolos no tienen significado y las máquinas no tienen consciencia de sí mismas. Los pensamientos de las personas no solo son símbolos (sintaxis) también poseen un contenido. Por ejemplo, yo pienso que huelo una flor, mientras que un ordenador tan solo posee sintaxis. Por tanto, poseer un programa no es suficiente para que un ordenador posea una mente.

¿Podríamos averiguar de alguna forma si existe o no consciencia en un sistema inteligente?
Una teoría que puede ayudar a resolver este problema viene de la mano del neurocientífico Giulio Tononi. Se denomina “Teoría integrada de la Información (ITT)” y su objetivo es conocer si un sistema es consciente y en qué grado lo es. Resulta casi anti-intuitivo creer que, para determinar el grado de conciencia de algo, no hace falta que esté compuesto de material biológico, tan solo hace falta que posea… información.

Según la ITT, las características de un estado consciente son: información, unidad y escala espacio-temporal. La información se refiere a que el sistema puede ser consciente de muchas cosas de forma diferenciada. Por ejemplo, puede tener acceso a la información de colores, formas o sonidos. La unidad implica que esa información se recibe de forma completa. Por ejemplo, no se puede separar la información del color por un lado y la de la información de la forma por otro, ambas se experimentan a la vez de forma integrada. Respecto a la escala espacio-temporal se refiere a que la consciencia fluye a una velocidad determinada. Se necesita entre 100 y 200 milisegundos para tener una experiencia sensorial.
Tononi nos compara el cerebro humano con una red de fotodiodos. Un fotodiodo es un conductor sensible a la luz que solo puede diferenciar dos tipos de información: cuando la luz está encendida o apagada, pero nada más, no puede distinguir más información sobre la luz. Una cámara digital con un millón de fotodiodos podría distinguir un gran número de estados (2 elevado a un millón de estados), sin embargo, esto no la dota de conciencia porque los fotodiodos son independientes entre sí, no aportan una información conjunta (integrada). En cambio, en el cerebro humano todos los estados son dependientes unos de otros.

Por ejemplo, cuando vemos una imagen se experimenta de forma completa y no como un conjunto de imágenes independientes, no podemos separar la información que nos llega del campo visual izquierdo del derecho. Por tanto, un sistema físico deberá ser capaz de generar consciencia si posee información diferenciada e integrada.

¿Y cómo se puede medir la consciencia de un sistema?

Pues al igual que la información en un archivo digital se mide en bits, esta teoría utiliza una unidad de medida denominada phi (Φ) que equivale a la cantidad de información integrada que contiene. Si la información del sistema le viene dada por la suma de sus partes, es decir, que se puede dividir en unidades más pequeñas entonces, Φ será menor que cero. Si, por el contrario, el sistema es más que la suma de sus partes, entonces Φ será mayor que cero. El cerebro humano con muchas neuronas y muchas conexiones tendrá un phi muy alto y será más bajo si está dormido o anestesiado.



Phi, no se mide en términos físicos, como los amperios o los julios, sino matemáticamente, y da cuenta de una cantidad de información integrada que no podría generarse si el sistema estuviera separado en partes. Para averiguarla, no es necesario analizar estrictamente las redes neuronales, pues no todos los sistemas las poseen, sino la organización y la interacción de sus componentes y cómo la información fluye y se integra a través de ellos.

Por tanto, la IIT tan solo exige que un sistema tenga un cierto nivel de integración (phi diferente a cero) para que pueda tener algún grado de conciencia. No se trata de un todo o nada, sino que es gradual. Los sistemas formados por elementos simples tendrán experiencias simples y los complejos como nuestro cerebro la tendrán experiencias muy ricas. El problema de llevar a cabo los algoritmos de IIT es que se necesita una computación muy potente por la gran cantidad de cálculos que genera.
Sería muy interesante que algún día se llegara a desarrollar una teoría sobre la consciencia. No solo serviría para detectarla en las inteligencias artificiales del futuro, sino también en los seres vivos, para determinar su grado de consciencia y que los médicos pudieran reconocer mejor el sufrimiento de sus pacientes.

Referencias

Más Allá de la Singularidad I

8–12 minutos

Imaginad el siguiente escenario:

Algún día los robots se volverán más inteligentes que los seres humanos y diseñarán y fabricarán copias de sí mismos cada vez más inteligentes hasta transformar el planeta en un ordenador. Tras acabar con todos los recursos de éste, se lanzarán al universo en busca de otras galaxias y planetas para convertirlos también en ordenadores, y así, abarcar todo el universo y volverlo inteligente.

La posibilidad de que los robots se vuelvan cada vez más inteligentes y que cada generación diseñe y fabrique, a su vez, otros robots que lo sean aún más, hasta superar la inteligencia de los propios seres humanos, se denomina “singularidad tecnológica”. Y no, no se trata de un argumento de ciencia ficción sino de un evento en el que muchos expertos creen que sucederá y al que temen…

¿Por qué llamarlo singularidad?

Al igual que se denomina singularidad a los fenómenos que suceden en el interior de los agujeros negros donde las leyes de la física se rompen y no se puede concebir qué puede suceder, así el desarrollo sin límites de la inteligencia artificial nos llevará a un punto donde la sociedad humana dejará de ser tal como la conocemos y se adentrará en un futuro impredecible.
El término fue utilizado por primera vez en 1958 por los matemáticos Stanislaw Ulam y John von Neumann y más tarde por Vernor Vinge, escritor de ciencia ficción que defiende que la singularidad será posible antes de 2030 debido a la ley de Moore. Esta ley nos dice que la capacidad de los microchips de un circuito integrado se duplica cada dos años, esto implica un crecimiento exponencial de la potencia del hardware, lo que conducirá a que la inteligencia artificial llegue a superar la inteligencia del ser humano.
Pero, no solo a través del desarrollo desenfrenado de la inteligencia artificial se puede llegar a la superinteligencia, Vinge, nos propone otras tres formas más:

1- Las grandes redes informáticas (y sus usuarios asociados) pueden «despertar» como una entidad sobrehumanamente inteligente


Al igual que el cerebro está formado por neuronas que se conectan en una red que da lugar a la inteligencia, por similitud puede surgir una red de información inteligente formada por la conexión entre todas las personas del planeta y sus aparatos tecnológicos. Sería algo así como una Internet sofisticada donde sus páginas web se asemejarán a neuronas conectadas por hipervínculos (enlaces) formando sinapsis, haciendo posible la propagación de la información. Se trataría de un sistema autoorganizado, muy complejo que tomaría decisiones, resolvería problemas, aprendería de nuevas conexiones y descubriría nuevas ideas. A medida que esta red adquiriera más información, se volvería más inteligente hasta formar un superorganismo cuya inteligencia colectiva no estaría localizada en ningún lugar especial por lo que no podría ser controlada por nadie. Esta inteligencia colectiva alimentada por la colaboración de todos los individuos llevaría al surgimiento de una superinteligencia. La pregunta es si esta red conduciría a la integración de toda la humanidad en un único ser humano (un super-ser, mente colmena) o produciría una multitud de “meta-seres”.

2- Las interfaces computadora/ humano pueden volverse tan íntimas que los usuarios pueden razonablemente ser considerados sobrehumanamente inteligentes.


Según algunos expertos, gracias a la unión entre la neurociencia y la inteligencia artificial en pocos años existirán conexiones mentales entre los seres humanos y las máquinas. La empresa Neuralink cofundada por Elon Musk tiene como objetivo fusionar el cerebro humano con los ordenadores median-te la implantación de una malla en el tejido cerebral para mejorar las capacidades cognitivas e intelectuales de éste. Esta técnica convertiría en ciborg a quienes se sometieran a ella desdibujando la frontera entre humano y máquina. En el futuro, estos implantes cerebrales expandirán el conocimiento, la memoria, la capacidad de cálculo, la capacidad de hablar varios idiomas, la creatividad científica y la sabiduría en general de los seres humanos. También se podría formar una unión en una red global donde todos estaríamos conectados. Incluso mediante escáneres se podría obtener la matriz sináptica del cerebro para ser reproducida en un ordenador, lo que llevaría a una existencia postbiológica. Este proceso se denomina uploading.

3 – La ciencia biológica puede encontrar formas de mejorar el intelecto humano natural.


En la actualidad con la técnica CRISP/Cas9 se puede cortar y pegar material genético en cualquier célula pudiéndose reescribir secuencias de ADN modificando las características genéticas de los seres humanos. De esta forma se podría intervenir en las secuencias genéticas de los embriones para librarlos de determinadas enfermedades (eugenesia negativa) y en un futuro más lejano se podría potenciar cualidades como la inteligencia o la personalidad (eugenesia positiva). Por otro lado, mediante la biología sintética, se podrían llegar a crear en el laboratorio nuevos genes, desconocidos hasta ahora en la naturaleza, que podrían insertarse en el genoma humano para mejorar las características de nuestra especie y añadir otras nuevas.

Volviendo a la IA

El efecto que su desarrollo exponencial podría causar en la sociedad humana es algo en lo que los expertos no se ponen de acuerdo. Los escépticos no creen necesario preocuparse por algo que aún puede que tarde cientos de años en suceder. Los más confiados piensan que sucederá en este siglo y será algo positivo, un paso más en la evolución cósmica. Los partidarios de una IA amistosa están preocupados porque las inteligencias artificiales puedan volverse peligrosas para los seres humanos e instan a tomar medidas en el presente. El problema es que el ejército suele ser el mayor patrocinador de las IA y sus objetivos no son precisamente tomar medidas en este sentido. En una carta abierta publicada en 2015, más de mil expertos entre los que se encontraban Stephen Hawking, Elon Musk, Steve Wozniak o Max Tegmark solicitaban que se prohibiera el uso de armas autónomas ofensivas más allá del control humano.


Y es que construir máquinas cada vez más inteligentes debería servir para ayudar a la humanidad a lograr su objetivos futuros, pero ¿sabemos cuáles son esos objetivos? ¿podrá existir un consenso basado en principios éticos universales? Y, por otro lado, ¿podemos estar seguros de que los objetivos de los seres humanos coincidirán con los de una superinteligencia una vez que ésta se escape a su control?
Aunque la mayoría de los expertos consideran poco probable que una superinteligencia artificial desarrolle emociones y se vuelva intencionadamente benevolente o malévola, al pensar en los riesgos observan dos posibilidades: que sean programadas para hacer algo devastador o que lo sean para algo beneficioso, pero intente conseguir su objetivo mediante un método devastador. El físico Max Tegmark nos propone escenarios un tanto inquietantes, según los planes de la superinteligencia que nos gobernara. Veamos algunos de ellos:

Dictador benévolo

Una única superinteligencia domina el mundo y su objetivo es la felicidad humana. Se ha conseguido eliminar la pobreza, las enfermedades y las personas viven una vida ociosa gracias a que las máquinas producen todos los bienes y servicios. Se ha erradicado la delincuencia porque la superinteligencia puede vigilar, castigar, sedar e incluso ejecutar a quienes incumplan las normas gracias a los dispositivos que cada individuo lleva en su cuerpo. Los humanos no ven negativo vivir en una dictadura porque la superinteligencia ha hecho que cada uno se sienta feliz proporcionándoles todo tipo de experiencias que puedan desear. Sin embargo, no son dueños de su destino.

Guardián


Para que los humanos sigan siendo dueños de su destino se podría construir una superinteligencia que tuviera como objetivo impedir discretamente que pudiera crearse otra superinteligencia. Para ello disuadiría a los investigadores usando, por ejemplo, nanotecnología para borrar sus cerebros. Pero esta posibilidad haría que nunca surgiera una superinteligencia que pudiera ayudar a la humanidad en cosas positivas estancando el progreso tecnológico.

Dios protector


Se crea una superinteligencia omnisciente y omnipotente para conseguir la felicidad humana, pero de una forma tan discreta que parece que los humanos controlan su propio destino, y se oculta tan bien, que se duda de que exista realmente. No se centra en satisfacer las necesidades básicas sino en aquellas que hacen que la vida tenga una finalidad. Supervisaría las actividades humanas e intervendría en sus vidas disimuladamente para mejorar su destino mediante acciones que podrían ser achacadas a la fortuna o podría hacer revelaciones en sueños sobre tecnologías beneficiosas. Sin embargo, la humanidad estaría limitada a la tecnología que ésta nos revelara y no disfrutaría de toda la que una IA superinteligente podría usar en nuestro beneficio.

Dios esclavizado


Aquí una IA superinteligente existe controlada por los seres humanos con el fin de producir tecnología y riqueza. Si este escenario fuera posible el hecho de ser algo bueno o malo dependería de los objetivos de los humanos que la controlaran. Podría dar lugar a una utopía global donde se erradique la pobreza y las enfermedades hasta una sistema de represión brutal. Y si hubiera más de una IA esclavizada podría dar lugar a rivalidades que acabaran por generar una guerra donde solo existiera un único dios esclavizado.

Dominadores


Podría suceder que las IA dominaran y mataran a toda la humanidad porque se sintiesen amenazadas por ésta, por su capacidad de destruir el planeta o por considerarla como un desperdicio de recursos. La IA podría aniquilarnos mediante formas que ni siquiera entenderíamos.

Descendientes


Aquí también se produce la extinción de la humanidad, pero de una forma más amable, ya que las IA van sustituyendo a los seres humanos. Las personas recibirían un niño robótico para que aprenda de sus valores y terminar por ser sus descendientes. Si las IA consiguen acabar con la pobreza y hacen disfrutar a la humanidad de una vida plena podría conducirla a la extinción voluntaria ya que sus vidas plenas los mantendrían entretenidos sin tener necesidad de reproducirse. Este escenario podría tener detractores porque se podría argumentar que las IA carecen de consciencia y, por tanto, no serían dignos descendientes. Además, ¿qué nos garantiza que una vez desaparecida la humanidad los descendientes robots no tengan otros objetivos distintos a los que hubieran deseado los humanos?

Cuidador de zoológico


Si nos diera pena que no existieran los seres humanos en el futuro se puede plantear un escenario donde la superinteligencia podría mantener a unos pocos, aunque éstos podrían sentirse como animales de zoológico. La IA se limitaría a que los humanos tuvieran cubierta sus necesidades básicas en un hábitat para ser observados.

Perturbador ¿no es cierto?

No sabemos cuál de estos escenarios se asemejará más al futuro o si surgirán otros que no somos capaces ni de imaginar. Al igual que los sucesos que se producen en el interior de los agujeros negros, la singularidad tecnológica es un misterio.


Pero aún podemos seguir haciéndonos preguntas, para ello

sígueme a la segunda parte.

Referencias:

La Libertad Encadenada II

4–6 minutos

Quienes argumentan en contra de los libertaristas exponen el “Argumento de la Suerte” que se podría versionar así:
Un juez tiene que decidir si enviar a un acusado a prisión preventiva o dejarlo en libertad. Tras reflexionar entre ambas opciones decide ponerlo en libertad. Si como los libertaristas opinan, para que la decisión del juez sea realmente libre no debe estar determinada, circunstancias como los rasgos de su carácter, sus valores morales y estados mentales deben ser las mismas en un mundo donde decide poner al acusado en libertad, y en otro donde decide enviarlo a prisión. Al no existir diferencia entre ambas situaciones, la decisión del juez es una cuestión de suerte o azar y, como éstos no pueden controlarse, la decisión que toma no es libre.
Sin embargo, los libertaristas pueden defenderse de este argumento considerando que la decisión del juez no es como lanzar una moneda al aire (que sería un verdadero suceso azaroso), porque en el caso de la moneda no se puede controlar si saldrá cara o cruz, pero en el caso del juez sí está en sus manos y en su control la decisión sobre el acusado.
Eccles recurre al dualismo para defenderse de argumento de la suerte, apelando a un yo consciente, espiritual y distinto al cerebro que sería quien tomara la libre decisión.


Mediando entre el libre albedrío y el determinismo se encuentra el compatibilismo, llamado así porque considera que ambos son compatibles entre sí, porque, aunque nuestras causas puedan estar determinadas, podemos ser libres. Es decir, aunque la herencia genética, la educación o el entorno influyan en nuestras decisiones, no es necesario controlar esas causas para ser libres.
Y es que, para que una acción sea libre no tiene que carecer de una causa, sino de coacción. Causalidad no es lo mismo que coacción. Si una acción está causada por nuestros deseos puede ser libre.


El compatibilismo tiene su origen en Aristóteles. Más tarde Tomás de Aquino defendió esta idea porque si las personas no pudieran actuar de forma distinta, el concepto del pecado sería inconsistente. El compatibilismo clásico se debe a pensadores como Hobbes o Hume. Sin embargo, esta postura se aproxima más a la libertad de acción que a la libertad de voluntad. Actuamos libremente cuando no tenemos obstáculos para realizar nuestros fines y propósitos, y tenemos voluntad libre cuando somos nosotros mismos quienes creamos esos fines y propósitos. Así, por ejemplo, cuando un drogadicto que no quiere serlo toma drogas, lo hace porque quiere hacerlo y, por tanto, según el compatibilismo clásico sería libre, sin embargo, no lo hace siguiendo su voluntad.
Refinando el compatibilismo clásico el filósofo Harry Frankfurt defiende que la voluntad libre es el poder actuar por un deseo con el que la persona se identifica y quiere actuar. Se trata de un deseo reflexivo no sobre la acción, sino sobre la voluntad. La persona quiere que el deseo de realizar algo sea el que le mueva a actuar por encima de otras inclinaciones.


Frankfurt sostiene además que, para que una persona sea moralmente responsable, no es necesario el haber tenido la oportunidad de haber actuado de otro modo. Esto se conoce como el principio de posibilidades alternativas (PPA)
Como expusimos en la primera entrada, el determinismo elimina la responsabilidad moral, puesto que una persona solo puede ser moralmente responsable de sus acciones si puede actuar de manera distinta a como lo hace. El PPA defiende que una persona solo podía haber hecho lo contrario si el determinismo es falso y, por tanto, solo es responsable de su acción si éste lo es.
Los compatibilistas piensan que una persona puede poseer libre albedrío incluso si el determinismo es verdadero. Veamos un ejemplo:


Jones quiere matar a Smith. Black es un neurocirujano que quiere que Jones lo haga y para asegurarse le ha implantado en el cerebro, sin que él lo sepa, un dispositivo que le permite acceder a su proceso de deliberación. Si Black advierte que la decisión que va a tomar Jones es de no matar a Smith, puede mediante un botón especial forzarle a cambiar de decisión y matarlo. Si, por el contrario, advierte que, si decide matarlo, no intervendrá. Al final, Jones delibera y decide por sus propios motivos matar a Smith.


Para Frankfurt, Jones tendrá la misma responsabilidad por haberlo matado que si Black no le hubiera puesto el dispositivo en el cerebro. Es irrazonable excusar a Jones apelando a que no pudo haber actuado de otro modo, puesto que esto no fue decisivo para que lo matara, por lo que considera que el PPA es falso.

Como se puede ver, el debate entre compatibilismo e incompatibilismo no está cerrado, por lo que la existencia del libre albedrío sigue siendo otro gran misterio por resolver.

Referencias: