Principio Antrópico

¿Hay Algún Alien en la Sala? III

7–11 minutos

Tras un encuentro con una civilización extraterrestre, lo que sucediera a continuación dependería exclusivamente del tipo de ética que caracterizara a dicha civilización, pues estaríamos en manos de unos seres más avanzados que nosotros. Y es que éstos podrían ser egoístas o universalistas. Si son egoístas, desearán maximizar su propio interés y si son universalistas desearán maximizar el interés de todos. La ética de los seres humanos suele ser antropocéntrica porque otorga valor intrínseco a todo lo que se refiere a lo humano, como la vida, la felicidad, etc. esto los convierte en egoísta frente a otras posibles civilizaciones. De todas formas, ante a un encuentro con una civilización extraterrestre, se pueden concluir diferentes consecuencias dependiendo del grado de dicho encuentro y del tipo de civilización contactada.

¿Qué pasaría si el contacto fuera una mera comunicación sin contacto directo?

Podría ser beneficioso para la humanidad porque tendría implicaciones muy profundas para la ciencia, la filosofía, la religión y la sociedad. La constatación de la existencia de extraterrestres respondería a la antigua pregunta filosófica de si estamos solos y replantearía nuestro papel en el universo como seres inteligentes.

En una encuesta realizada en Internet por Douglas Vakoch del equipo de científicos sociales del Instituto SETI, se determinó que existía una correlación entre quienes pensaban que el ser humano ocupaba un lugar privilegiado en el orden de todas las cosas (antropocentrismo) y la posibilidad de que no creyesen en la existencia de vida extraterrestre. Y es que, al igual que Copérnico desplazó a la Tierra de su posición privilegiada en el sistema solar, la existencia alienígena expulsaría a los seres humanos como seres únicos dotados de inteligencia en el universo.

El ser humano en el centro del universo

Una de las interpretaciones de la naturaleza que más han contribuido a recuperar el antropocentrismo es el principio antrópico de Barrow y Tipler, del que hemos hablado en la entrada “En el ombligo del universo” y el ajuste fino del universo explicado en “¿Qué pasaría si…?” y “Curiosidades primigenias”. Recordemos que dicho principio parte de la reflexión sobre lo sensible que son las condiciones para que exista vida en el universo y cómo ésta no podría existir si algunas de las constantes universales hubieran tenido un valor distinto. Por lo que surgía la pregunta de por qué el universo, de todas las combinaciones posibles, había adoptado la única donde la vida pudiera darse. Esto hizo que cosmólogos como John Barrow se planteara si el motivo fuera la necesidad de que surgieran observadores, es decir, vida inteligente, ya que la evolución de la vida en la Tierra había llevado de la existencia más simple a la sofisticación de los seres humanos inteligentes. Sin embargo, el principio antrópico no tiene por qué reducirse exclusivamente a la existencia de seres humanos, puede ser compatible con el surgimiento de civilizaciones extraterrestres autoconcientes, inteligentes y capaces de acumular conocimientos. El descubrimiento de vida inteligente fuera de la Tierra implicaría que existe un principio de complejidad creciente que actúa en todo el universo, que facilita el surgimiento de la vida, la inteligencia y la tecnología lo que pondría fin a esta discusión entre científicos arrastrada durante décadas.

Por otro lado, para algunas personas religiosas el mero contacto con extraterrestres pudiera resultarles dañino. Los cristianos serían los más amenazados porque para ellos Jesucristo vino a la Tierra a salvar a la humanidad específicamente y no a unos hipotéticos extraterrestres inteligentes. Al ser el único hijo de Dios, como dice la Bíblia, la idea de que se pudiera encarnar en millones de planetas con apariencia de extraterrestre sería una herejía.

La mera detección también podría provocar conflictos sociales o políticos especialmente relacionados por cómo responder o interpretar dicho contacto. Ya existen desacuerdo sobre el hecho de enviar mensajes a los extraterrestres como vimos en la entrada anterior respecto a la actividad del METI.

Llamando a la Tierra

Según el punto 7 de la “Declaración de los principios concernientes a la actividades posteriores a la detección de inteligencia extraterrestre” de la Academia Internacional de Astronáutica (IAA) , no se debería enviar ninguna transmisión en respuesta de señal extraterrestre hasta que no haya tenido lugar las necesarias conferencias internacionales. También se aconseja al descubridor que informe al gobierno del país donde se encuentre el radiotelescopio, para que después pueda convocar libremente una conferencia de prensa o una comunicación pública. Sin embargo, esto puede complicarse porque puede haber varias personas y varios países implicados. Además la información podría filtrarse antes de finalizar los tramites diplomáticos.

Otros desacuerdos estarían relacionados con quién debiera responder al mensaje. Si éste fuera preparado por un comité, estaría elaborado por un acuerdo de mínimo común entre sus miembros, por lo que, probablemente estaría compuesto por banalidades. Si la respuestas la diera un solo dirigente político o religioso se podría “liar una buena”. Si se hiciera con la colaboración de cada grupo cultural diverso se terminaría por engendrar un mensaje bastante incoherente, como sucedió con las dos naves Voyager a las que colocaron fonógrafos con grabaciones en cincuenta y cinco idiomas, sonidos de animales, selección de músicas y declaraciones de Jimmy Carter y el Secretario General de la ONU.

Las ecuaciones de Maxwell describen por completo los fenómenos electromagnéticos

Y esto nos lleva a especular cómo tendría que ser el mensaje para ser entendido y qué debería expresar. El físico teórico Paul Davies propone que tendría que estar basado en conceptos matemáticos y físicos, ya que éstos poseen un significado universal, trascienden la mente humana y nos pone en contacto con lo más profundo de la naturaleza. Cualquier ser inteligente en en universo podría demostrar los mismos teoremas matemáticos a partir de los mismos principios lógicos, y como las leyes universales de la física se manifiestan en forma de regularidades matemáticas, éstas son la clave para el entendimiento entre los humanos y los extraterrestres. Por ejemplo, si éstos conocen los principios de la radio, entonces deben conocer necesariamente las ecuaciones de Maxwell. También conocerán, por ejemplo, la teoría general de relatividad de Einstein o la teoría cuántica de campos. Si les mostramos que hemos alcanzado dicho nivel de conocimientos podrán juzgar nuestro nivel de desarrollo. Si la civilización contactada es cooperativa podría servirnos para adquirir mayor conocimientos en todas las ciencias, podríamos obtener la cura para muchas enfermedades y aprenderíamos sobre la biología y el mundo natal de los alienígenas.

Sin embargo, si la civilización de un posible contacto no fuera amigable, podríamos resultar gravemente perjudicados. Por ejemplo, nos podrían enviar información mediante un mensaje que, a modo de un virus informático, terminara por dañar nuestra tecnología. Incluso podríamos recibir información para la construcción de un dispositivo peligroso, aunque aparentemente benigno para nosotros.

¿Qué pasaría si el encuentro fuera un contacto directo?

¡Dios nos coja confesados!

Si los extraterrestres fueran egoístas como vimos antes, entonces tan solo les importaran sus propios intereses, sus vidas y su bienestar. El geógrafo Jared Diamond piensa que se pueden comportar igual que nosotros cuando hemos descubiertos a otros seres inteligentes de la Tierra, como otros humanos desconocidos o chimpancés. Podrían matarnos, infectarnos, conquistarnos, desplazarnos, disecarnos para los museos o utilizarnos para investigaciones médicas. También podrían usarnos como entretenimiento al igual que utilizamos a los leones marinos y la focas por su talento para equilibrar una pelota de goma en sus narices. Todo esto daría lugar a un conflicto de lucha entre dos civilizaciones, algo parecido a “La guerra de los mundos” de H. G. Wells donde sólo un milagro podría salvarnos.

Las civilizaciones extraterrestres universalistas también podrían dañarnos si llegasen a la conclusión que así podrían proteger aquello que valoran más. Por ejemplo, nos podrían destruir y usar nuestros recursos de manera más eficiente para otras vidas o para maximizar el número total de civilizaciones, su diversidad o alguna otra consideración importante para ellas. También podrían observar nuestra rápida y destructiva expansión en la Tierra y concluir que somos una amenaza para otras civilizaciones en nuestro proceso expansivo, por lo que nos atacarían para proteger esos otros mundos. Esta rápida expansión civilizatoria de la humanidad podría ser descubierta por los extraterrestres ya que estamos cambiando la composición de la atmósfera, por ejemplo, con la emisiones de gases de efecto invernadero, lo que se detectaría a través la firma espectral de la Tierra.

Por otro lado, puede que esas civilizaciones extraterrestres universalistas nos dañen de forma no intencionada como, por ejemplo, mediante la transmisión de enfermedades a la humanidad directamente o a organismos fundamentales para nuestra alimentación como el ganado o las plantas de cultivo. Esto podría causar la extinción generalizada de muchas especies, incluso de la humanidad.

Otra forma de dañarnos podría ser por un acto de incompetencia, por ejemplo, desatando el equivalente a una inteligencia artificial no benévola o utilizando sondas replicantes automatizadas (sondas de von Neumann), es decir, naves enviadas a otros sistemas solares para buscar materiales en asteroides, lunas, planetas, etc, y luego crear réplicas de sí mismas que serían enviadas a otros sistemas estelares. Dichas naves podrían desatar una oleada de colonización catastrófica por toda la galaxia destruyendo civilizaciones. Esto podría suceder si tales naves tuvieran un diseño defectuoso o por la intención deliberada de las sondas inteligentes.

Sondas autorreplicantes sin malas intenciones

En definitiva, no tenemos respuestas a la pregunta de si existen otros seres en algún lugar del universo que contemplen la belleza del cielo nocturno al mismo tiempo que nosotros. Pero sea cual sea la respuesta, no podemos olvidar las palabras de Arthur C. Clark:

«A veces creo que hay vida en otros planetas y a veces pienso que no. En cualquiera de los dos casos, la conclusión es asombrosa»

Referencias

  • ¿El contacto con extraterrestres beneficiaría o perjudicaría a la humanidad? Un análisis de escenario. S. D Baum, J. D. Haqq-Misra y S D. Domagal-Goldman. Acta Astronáutica, 2011, 68(11-12): 2114-2129

En la Diana del Tiempo

El tiempo… parece algo tan sutil… nos acompaña desde el nacimiento del universo, separando nuestros instantes, ordenando los acontecimientos de nuestra propia historia… Hasta hace poco, se creía que era algo absoluto, es decir, que era igual para todos los que lo observaran y todos ellos estarían de acuerdo a la hora de clasificar un mismo suceso como presente o pasado. Pero gracias a Einstein y a su teoría de la Relatividad, descubrimos que el tiempo dependía de los observadores y de su estado de movimiento, pudiendo suceder, por ejemplo, que para uno de ellos el futuro sucediera antes que para el otro. El tiempo empezaba a ser un compañero mas desconocido de lo que parecía.

Pero lo curioso, además, es que en todas las ecuaciones de la física (tanto clásica como relativista) permanecerían inalteradas si se invirtiera la dirección del tiempo, como si este “detalle” no tuviera importancia para ellas, es decir, son simétricas en este aspecto, entonces… 

¿Por qué para nosotros el tiempo es irreversible?

¿Por qué vivimos en un universo donde el pasado precede al futuro y no al revés?

Si viéramos una película donde en una mesa de billar las bolas se reagruparan en un triángulo mientras una blanca abandonara el centro de la mesa para situarse en un extremo, no dudaríamos de que se esta película se estaría proyectando al revés, pues la escena sería increíble. Por parte de las leyes de la física no habría ningún problema en que las bolas por sí sola se reagrupasen, pero ¿podríamos decir lo mismo desde el punto de vista del azar?

En 1927, el astrofísico británico Arthur S. Eddington, del que ya hablamos en la entrada «En el Ombligo del Universo«, utilizó por primera vez, en sus conferencias sobre “La naturaleza del mundo físico”, la expresión Flecha de Tiempo para referirse a la dirección en la que éste discurre sin interrupción desde el pasado hacia el futuro. Explicaba que, si dibujásemos una flecha arbitrariamente y al seguirla encontráramos que los elementos distribuidos al azar iban en aumento, entonces la flecha apuntaba al futuro, pero si por el contrario disminuyesen, entonces la flecha apuntaba al pasado. Es decir, el futuro apunta al…

El físico Stephen Hawking resalta en su libro “Historia del Tiempo” tres «Flechas de Tiempo» que transcurren desde el pasado al futuro. El hecho de que las tres apunten hacia la misma dirección es condición indispensable para que podamos estar aquí haciéndonos preguntas, según el razonamiento del principio antrópico débil.

Estas flechas son:

La flecha termodinámica es la que hace posible que no vivamos la experiencia de ver cómo los vasos que caen al suelo, y se rompen, se recompongan ellos solitos y salten a la mesa desde donde cayeron. Está basada en la Segunda Ley de la termodinámica. Para explicarla hay que introducir primero el concepto de Entropía.

¿Qué es la entropía?

La entropía es una magnitud que mide cómo un sistema aislado evoluciona hacia el estado estadísticamente más probable. Es decir, que mide la evolución hacia el desorden, porque éste es muchísimo más probable que el orden. El cristal roto y el agua en el suelo están un estado mayor de entropía que un vaso encima de una mesa, pues su nivel de orden es elevado. Con el tiempo aumenta el desorden, es decir, partimos desde un estado bajo de entropía hacia uno más elevado y siempre vamos en esa dirección, por eso no podemos presenciar la milagrosa recomposición de los cristales rotos pero, en cambio, si sufrimos como una habitación recién limpia (en un buen estado de orden) se va volviendo sucia y “entrópica” con el tiempo…¡grr!. Siempre habrá un mayor número de estados desordenados que ordenados.

Pero… ¿Por qué sucede esto?

Pues porque para mantener un estado ordenado hace falta gastar energía. Nosotros mismos tenemos un nivel bajo de entropía. Para mantenernos vivos tenemos que luchar contra el aumento inexorable de la entropía en nosotros mismos y lo hacemos tomando energía en estado ordenado (alimento y oxígeno) y desechándola en forma de calor, que es la forma de energía más desordenada que existe, con lo que colaboramos, a su vez, al aumento de entropía del universo.

En 1974, el físico Roger Penrose aplicó la segunda ley de la termodinámica al universo y dedujo que éste comenzó con un nivel de entropía increíblemente pequeño en comparación con el que podría tener, el porqué fue así continúa siendo un misterio. Pensar que el universo surgió de una explosión (el Big Bang) y aún así no haber generado el caos, como cabría de esperar en cualquier explosión, sino un escenario realmente ordenado es algo alucinante. Toda la materia cósmica observable se distribuyó en aglomeraciones incandescentes (estrellas) y en materiales fríos (planetas y polvo cósmico). Este desequilibrio térmico posibilitó que el Sol irradiara energía baja en entropía hacia la Tierra, algo indispensable para nuestra supervivencia. Si el universo no hubiera surgido con ese nivel tan bajo de entropía…

NO EXISTIRÍAMOS

Sigue este enlace: Noticias sobre la entropía del universo

La flecha psicológica es la dirección donde sentimos el paso del tiempo, la que hace posible que recordemos el pasado y no el futuro. Reside en nuestra mente y nos hace comprender la sucesión de los hechos que vivimos. La acumulación de recuerdos forma la flecha de tiempo mental. Hay quienes piensan que el tiempo no es real, que somos nosotros quienes lo inventamos para explicar los sucesos que vivimos, ya que nunca se ha realizado ningún experimento para detectar el “flujo del tiempo”.

La flecha cosmológica del tiempo nos señala que nos encontramos en la dirección en que se expande el universo y no en su fase contractiva, pues entonces apuntaría en sentido contrario. Stephen Hawking explica que si el universo hubiera comenzado en un estado grumoso y desordenado ahora mismo estaríamos en un estado de desorden completo y no podría aumentar con el tiempo. Al no aumentar, podrían suceder dos cosas: disminuir, por lo que la flecha termodinámica señalaría en dirección opuesta a la cosmológica o permanecer constante, por lo que la flecha termodinámica no estaría bien definida. Pero ninguna de ambas circunstancias son las que vivimos, pues como ya hemos visto la entropía va en aumento constante. Así pues, el universo debió comenzar en un estado muy suave y ordenado.

Pero, ¿Cómo sabemos que nos encontramos en la fase donde el desorden aumenta y el universo se expande y no en la fase contractiva? 

Hawking responde siguiendo el principio antrópico débil y es que las condiciones de la fase contractiva no serían adecuadas para la existencia de vida inteligente que se hiciera esa pregunta. El universo, como vimos en la entrada anterior, se expande a una velocidad muy próxima a la que evitaría que se volviera a colapsar, por lo que tardará mucho antes de que se produzca este hecho. Cuando suceda, todas las estrellas ya se habrán quemado y el universo estaría en un nivel de desorden completo. No habrá flecha termodinámica del tiempo. Sin embargo, sin una flecha termodinámica clara la vida inteligente no podría vivir, pues como vimos, es necesario consumir alimento que es una forma ordenada de energía.

En resumen, aunque en las leyes de la ciencia no influye la dirección del tiempo, en la realidad existen tres flechas que nos mantiene en la dirección “lógica” de pasado a futuro. Dos de ellas (termodinámica y psicológica) coincidirán siempre, la cosmológica apuntará en el mismo sentido de las otras dos mientras el universo esté en la fase expansiva, fase en la que nos encontramos ahora, porque de lo contrario… 

NO EXISTIRÍAMOS

Referencias:
– Historia del Tiempo. Stephen Hawking
– La Mente Nueva del Emperador. Roger Penrose
– Física Para Todos. Rafal Andrés Alemañ

En el Ombligo del Universo

Durante la Edad Media, se creía que la Tierra era necesariamente el centro del firmamento, lugar privilegiado donde Dios había colocado al hombre como culmen de su creación. Gracias al Renacimiento y a la luz de la razón, Nicolás Copérnico despoja a la Tierra de su lugar preeminente para poner al Sol. Desde entonces, la humanidad ha ido tomando conciencia de que no es un espectador privilegiado de las estrellas y que nuestro mundo es sólo un planeta perdido en un lugar nada especial de una galaxia igual a otras muchas. A este espíritu se le conoce como principio copernicano o principio de mediocridad

En 1973, quinientos años después del nacimiento de este revolucionario astrónomo y en una conferencia celebrada en Cracovia con motivo de su aniversario, el astrofísico y cosmólogo Brandon Carter decidió arremeter contra el sometimiento a este principio y defendiendo que, aunque los observadores humanos no ocupamos un lugar central en el universo, si estamos privilegiados en cuanto a otras condiciones necesarias para la existencia. Surgió así el Principio Antrópico como consecuencia de una serie de planteamientos sobre la naturaleza del universo que se venían dando desde comienzos del siglo XX.

El primer antecedente a este principio lo encontramos en los años 20 cuando el astrofísico británico Arthur Stanley Eddington encontró, mientras buscaba la “teoría fundamental” (la unificación de la mecánica cuántica, la relatividad y la gravitación), una serie de “coincidencias” extrañas en sus cálculos. Al disponer la razón entre la masa del electrón y la del protón resultaba ser el mismo número que al hallar la razón entre la fuerza gravitatoria y electromagnética de ambos, esto es, 10 elevado a 40. Número que sorprendentemente resultaba ser la raíz cuadrada del número de protones del universo visible (número de Eddington).

En 1938, el físico y premio nobel Paul Dirac también observó unas “coincidencias” al poner de manifiesto la intensidad de la fuerza gravitatoria, la masa del universo conocido, de nuevo, y la edad estimada del universo en unidades atómicas (la razón entre la edad del universo y el tiempo que tarda la luz en recorrer el radio de un protón).
¿Y que coincidencia encontró? Pues que éstas cantidades eran potencias enteras (positivas y negativas) de 10 elevado a 40 ¡¡¡Otra vez!!! Dirac pensó que debía existir alguna relación entre estas constantes fundamentales y la evolución del universo. Como la edad del universo aumenta con el tiempo (elemental querido Watson), las constantes fundamentales tendrían que hacerlo igualmente para seguir manteniendo dicha igualdad.

En 1961, el físico Robert Dicke publicó un artículo en la revista Nature donde recogía la hipótesis de Dirac, pero manteniendo la edad del universo independiente de los otros números. Entonces… ¿Cómo explicaba Dicke la coincidencia entre los tres? Porque los físicos, justificó, sólo pueden existir en un periodo muy corto de la evolución del universo. El carbono del cuerpo de los físicos necesitó de una estrella para crearlo, por lo que el universo debía ser suficientemente antiguo para haber formado las estrellas, pero no demasiado antiguo porque entonces las estrellas se habrían consumido dejando de emitir calor y luz que hace posible que exista vida en los planetas. Dicke calculó que ese tiempo era de unos 10 mil millones de años, es decir, que la vida sólo puede surgir y existir durante un periodo en la evolución del universo y este tiempo era justamente cuando se cumplía la igualdad descubierta por Dirac. 

Carter dividió el Principio Antrópico en dos versiones, una débil y una fuerte. En su versión débil se limita a decir que nuestra ubicación en el universo es necesariamente privilegiada hasta el punto de ser compatible con nuestra existencia como observadores. Esta ubicación no sólo hay que entenderla como localización espacial, sino también temporal.

En su versión fuerte, el Principio dice que “el universo (y, por consiguiente, los parámetros fundamentales de que depende) tiene que ser de tal modo que admita la creación de observadores dentro de él en algún estadio”. Estos parámetros fundamentales (las constantes de la física) que aparentemente son arbitrarias y no relacionadas entre sí, adoptan exactamente los valores necesarios para que pueda resultar la vida. Esta versión del principio se la denomina “fuerte” porque no sólo considera que nuestra situación en el universo sea privilegiada para la existencia (espacio y tiempo suficiente) sino que el universo mismo (los parámetros fundamentales de los que depende) son privilegiados.

Un paso más allá dentro del Principio Antrópico lo da el físico John Wheeler, del que ya hablamos en el artículo “Creadores de Matrix”. En una entrevista publicada en la revista Cosmic Search en 1983 viene a decir que este principio observa los posibles universos y desecha aquellos donde la conciencia no se pueda desarrollar en algún lugar y momento. Nosotros no podemos ni imaginar un mundo sin observadores, puesto que los verdaderos materiales de construcción del universo son los actos de participación del observador. Es lo que él denomina Principio Participativo y está fundado en el punto central de la mecánica cuántica, que ningún fenómeno elemental puede considerarse fenómeno hasta que es observado (o registrado por un observador).

También ha habido otras divisiones y definiciones del principio antrópico, como la realizada por Barrow y Tipler en 1986, donde al principio débil y fuerte añadieron el principio antrópico final. En éste  último defienden que , una vez surgida la inteligencia en el universo, ya no desaparecerá, sino que logrará el dominio sobre todos los procesos materiales e incluso su propia inmortalidad.

Seguir esta línea de razonamiento supone revocar los triunfos de Copérnico, Galileo y Newton para volver a colocar al hombre en el centro del universo, sin embargo, los valores en la configuración del  universo para que pueda surgir la vida son demasiado “ajustados” para obviarlos. De las extraordinarias “coincidencias” en estos valores hablamos en la entrada «¿Que Pasaría Si…?»

Referencias:
– Introducción al Principio Antrópico. José Manuel Alonso
– Cosmos y Gea: fundamentos de una nueva teoría de la evolución. Francesc Fígols

Creadores de Matrix

John Wheeler

Si la Escuela de Copenhague defendía que la realidad se encontraba en una onda de probabilidad mientras no fuera observada o medida, el físico Jonh Archibald Wheeler dio un paso más allá al defender que el universo se encontraba en un estado intangible hasta que surgió el primer observador consciente capaz de colapsar la onda y darle realidad.

¿Qué significa esto?

Evidentemente, como el universo es anterior al ser humano, el colapso de onda tiene un efecto HACIA ATRÁS EN EL TIEMPO, es decir, desde el nacimiento del ser humano hasta el Big Bang.

En 1978 desarrolló en su artículo “Law without law” un experimento denominado “acción retardada”. Se trataba de una versión del experimento de la ”doble rendija” de Young realizada con espejos y con una curiosa variación. La idea era la siguiente: una fuente de luz se proyectaba sobre un espejo semirreflector, es decir, que refleja la mitad de la luz y la otra mitad pasa a través de él. Por lo cual existían dos haces de luz: transmitido y reflejado.

En el camino de cada rayo de luz se situaba un espejo normal, de esos que solo reflejan, pero colocados de tal forma que hacían que dichos haces se cruzaran. Aquí se colocaron dos detectores. Dependiendo del camino que hubiera seguido el fotón sería registrado por un detector u otro (el fotón se comportaba como una partícula).

Sin interferencias

Aquí se pregunta Wheeler:

¿Puede el experimentador determinar qué ruta sigue el fotón?

Para reproducir el patrón de interferencia, se colocó un nuevo espejo semirreflector donde se cruzan los dos haces de luz, antes de los detectores. Cuando se producía un patrón de interferencia en el experimento de la “doble rendija” se observaban unas bandas luminosas correspondientes a los máximos de onda y bandas oscuras donde éstas se aniquilaban, pero en este experimento este patrón se manifiesta por el funcionamiento de un solo detector que recoge dicho máximo de onda, el otro no funciona ya que coincide con la destrucción de la misma (o sea como si fueran las bandas oscuras).

Cuando se realiza el experimento con un solo fotón, estando colocado el segundo espejo semirreflectante, sólo funciona un detector, es decir, se obtiene una interferencia, lo que equivale a que el fotón había recorrido los dos caminos posibles, había sido reflejado y transmitido por el primer espejo semirreflectante, para luego interferir consigo mismo en el segundo (el fotón se comportaba como una onda).

Con interferencias

Lo verdaderamente curioso y extraordinario de este experimento no es la demostración de que el fotón se comporta como onda y partícula al mismo tiempo, algo que ya vimos en el artículo “Malditas Interferencias” sino que la observación de la ruta que ha seguido el fotón se realiza después de que éste haya emprendido el camino.

Sólo por el hecho de colocar o no el segundo espejo semirreflector podemos determinar si el fotón ha venido por una ruta o por las dos, pero esta “decisión” del fotón es un hecho del pasado y la acción de colocar el segundo espejo es un hecho del presente… entonces

¿Cómo puede el fotón comportarse como si supiera de antemano si va a ser o no colocado el segundo espejo reflectante?

Para comprender la creación y la historia del universo, Wheeler traslada el experimento mental de la elección retardada del laboratorio a escala cósmica, utilizando como fuente de emisión de fotones un cuásar (objetos estelares muy distantes que emiten una luz equivalente a un billón de soles) y un telescopio. La luz llega a la Tierra directamente desde el cuásar, pero una porción de ella se dirige hacia el espacio en ángulos distantes. Sin embargo, esta luz encuentra en su camino una galaxia que la curvará, según la teoría de la relatividad, de tal forma que esos rayos también llegarán a la Tierra, pero utilizando otro sendero. Tenemos entonces dos rayos de luz procedentes del cuásar; uno directo y otro curvado hacia nosotros gracias al efecto provocado por la galaxia.

La conclusión a la que se llega es que el observador podía influir hacia atrás en el tiempo permitiendo que los efectos precedan a las causas. Este fenómeno se denomina «retrocausalidad».

Para Wheeler todo el universo es como el experimento de la elección retardada. Comienza con el Big Bang, crece y se hace más complejo, representándolo con un gran ojo con el que se observa a sí mismo creando la realidad desde su origen. El universo se convierte en un circuito de retroalimentación al que constantemente contribuimos creando el pasado y el futuro. Allí donde los observadores conscientes no han interactuado sólo existen nubes de incertidumbre.

Wheeler lo define como “Universo participativo”.

Para comprender la forma en que los observadores conscientes participan del universo lo asemeja a una anécdota vivida por él hace muchos años, cuando estando en una fiesta los invitados le gastaron una broma. Le pidieron que adivinara una palabra, en un máximo de 20 preguntas a las que sólo obtendría respuestas con un sí o un no. Cuando Wheeler adivinó la palabra los jugadores comenzaron a reírse porque en realidad no habían escogido ninguna, tan sólo contestaban sus preguntas al azar aunque de forma consecuente con lo ya respondido. Es decir, el resultado no existía con anterioridad, surgió en parte por el azar y en parte por las preguntas que eligió el físico.Wheeler comprendió que dependiendo del tipo de experimento la naturaleza se comporta como onda o partícula, el observador elige lo que quiere conocer de ella. “Dime que preguntas y te diré que ves” En un ensayo denominado “It from bit” explica que cada partícula en el universo existe como respuesta a preguntas afirmativas o negativas, es decir, opciones binarias, bits.

Cuando se observa un fotón se está añadiendo un bit de información a lo que conocemos del mundo.

es.wikipedia.org/wiki/Ajedrez_tridimensional

Muchos físicos creen que el espacio puede dividirse en pequeñas celdas minúsculas, como un tablero de ajedrez tridimensional. En cada celda se almacenaría un bit de información. Las celdas pueden contener una partícula o no. De esta manera la información sobre la realidad se dispondría como si fuera un mensaje, pero el mensaje y la existencia física serían inseparables. Desde las partículas elementales hasta el espacio-tiempo procederían de la información en bits. Las leyes de la física se convertirían entonces en programas informáticos y el universo sería un gigantesco ordenador que almacena información que es en sí el propio universo.

Pero Wheeler no era el único que concibió el universo como una colosal máquina de información, para David Bohm se asemejaba a un holograma, como veremos en la entrada La Realidad Plegada.

Referencias:


– Entrelazamiento el mayor misterio de la física. Amir D. Aczel, J.Luis Sánchez Gómez 

– El universo inteligente. James N. Gardner


– Does the Universe exist if we´re not looking? Tim Folger. Revista Discover Junio 2002


– El juego de las veinte preguntas. José Gordon. Revista UNAM. Nº 49


– La guerra de los agujeros negros. Leonard Susskind.

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