Más Allá de la Singularidad II

Es el momento de preguntarse… si la singularidad nos traerá una explosión de inteligencia artificial ¿nos traerá también una explosión de consciencia artificial? Porque no es lo mismo ser inteligente (sapiencia) que ser conscientes (sintiencia). Como vimos en la entrada “¿Zombis o fantasmas?” el hecho de que pueda surgir consciencia en una inteligencia artificial es un tema poco consensuado por la comunidad científica y filosófica.
En 1950, el matemático Alan Turing propuso una prueba conocida como el “Test de Turing” que consistía en una serie de preguntas que se podían realizar a una máquina, o a otra persona, mediante un teclado de manera que, si la máquina pudiera hacerle creer que era un ser humano, esto significaría que su comportamiento era inteligente similar al de éste, aunque esto no implicaba que se pudiera demostrar que tuviera pensamientos conscientes.


En 1980, el filósofo John Searle planteó un experimento mental denominado “La habitación china” donde se construye una máquina dentro de una habitación que aparentemente era capaz de comprender el chino, de manera que si recibía un texto en este idioma respondía con una respuesta coherente en el mismo, es decir, que podría pasar el test de Turing, pues podría convencer a un chino que estuviera haciéndole preguntas de que entendía su idioma. Searle propuso sustituir la máquina dentro de la habitación por una persona que no conocía el idioma chino, pero estaba rodeado de libros que le enseñaban las reglas para relacionar los caracteres de entrada con los que debe enviar de respuesta. De esta manera podía hacerle creer al chino que antes interrogaba a la máquina de que él también conocía su idioma, aunque en realidad no tenía ni idea. La cuestión es que, si esta persona sin entender chino podía hacer creer al chino de la puerta que sí lo entendía, de igual modo una computadora podía hacerle creer lo mismo sin necesidad de entenderlo, porque ambos, ordenador y persona utilizaban unas reglas para manipular los símbolos y dar una respuesta, el primero un programa y el segundo libros y manuales en chino.


Los defensores de la superinteligencia artificial creen que éstas pueden tener mente, Searle con este experimento niega esta idea, porque para el ordenador los símbolos chinos no tienen significado y las máquinas no tienen consciencia de sí mismas. Los pensamientos de las personas no solo son símbolos (sintaxis) también poseen un contenido, por ejemplo, yo pienso que huelo una flor, mientras que un ordenador tan solo posee sintaxis. Por tanto, poseer un programa no es suficiente para que un ordenador posea una mente.

¿Podríamos averiguar de alguna forma si existe o no consciencia en un sistema inteligente?
Una teoría que puede ayudar a resolver este problema viene de la mano del neurocientífico Giulio Tononi. Se denomina “Teoría integrada de la Información (ITT)” y su objetivo es conocer si un sistema es consciente y en qué grado lo es. Resulta casi anti intuitivo creer que, para determinar el grado de conciencia de algo no hace falta que esté compuesto de material biológico, tan solo hace falta que posea… información.

Según la ITT, las características de un estado consciente son: información, unidad y escala espacio-temporal. La información se refiere a que el sistema puede ser consciente de muchas cosas de forma diferenciada. Por ejemplo, puede tener acceso a la información de colores, formas o sonidos. La unidad implica que esa información se recibe de forma completa. Por ejemplo, no se puede separar la información del color por un lado y la de la forma por otro, ambas se experimentan a la vez de forma integrada. Respecto a la escala espacio-temporal se refiere a que la consciencia fluye a una velocidad determinada. Se necesita entre 100 y 200 milisegundos para tener una experiencia sensorial.
Tononi nos compara el cerebro humano con una red de fotodiodos. Un fotodiodo es un conductor sensible a la luz que solo puede diferenciar dos tipos de información: cuando la luz está encendida o apagada, pero nada más, no puede distinguir más información sobre la luz. Una cámara digital con un millón de fotodiodos podría distinguir un gran número de estados (2 elevado a un millón de estados), sin embargo, esto no la dota de conciencia porque los fotodiodos son independientes entre sí, no aportan una información conjunta (integrada). En cambio, en el cerebro humano todos los estados son dependientes unos de otros.

Por ejemplo, cuando vemos una imagen se experimenta de forma completa y no como un conjunto de imágenes independientes, no podemos separar la información que nos llega del campo visual izquierdo del derecho. Por tanto, un sistema físico deberá ser capaz de generar consciencia si posee información diferenciada e integrada.

¿Y cómo se puede medir la conciencia de un sistema?

Pues al igual que la información en un archivo digital se mide en bits, esta teoría utiliza una unidad de medida denominada phi (Φ) que equivale a la cantidad de información integrada que contiene. Si la información del sistema le viene dada por la suma de sus partes, es decir, que se puede dividir en unidades más pequeñas entonces, Φ será menor que cero. Si, por el contrario, el sistema es más que la suma de sus partes, entonces Φ será mayor que cero. El cerebro humano con muchas neuronas y muchas conexiones tendrá un phi muy alto y será más bajo si está dormido o anestesiado.


Por tanto, la IIT tan solo exige que un sistema tenga un cierto nivel de integración (phi diferente a cero) para que pueda tener algún grado de conciencia. No se trata de un todo o nada, sino que es gradual. Los sistemas formados por elementos simples tendrán experiencias simples y los complejos como nuestro cerebro la tendrán experiencias muy ricas. El problema de llevar a cabo los algoritmos de IIT es que se necesita una computación muy potente por la gran cantidad de cálculos que genera.
Sería algo muy interesante conseguir desarrollar algún día una teoría sobre la consciencia, no solo serviría para reconocerla en las futuras inteligencias artificiales sino también en los seres vivos, para determinar su grado de consciencia y que los médicos puedan reconocer el sufrimiento de sus pacientes.

Referencias

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