La Libertad Encadenada II

Quienes argumentan en contra de los libertaristas exponen el “Argumento de la Suerte” que se podría versionar así:
Un juez tiene que decidir si enviar a un acusado a prisión preventiva o dejarlo en libertad. Tras reflexionar entre ambas opciones decide ponerlo en libertad. Si como los libertaristas opinan, para que la decisión del juez sea realmente libre no debe estar determinada, circunstancias como los rasgos de su carácter, sus valores morales y estados mentales deben ser las mismas en un mundo donde decide poner al acusado en libertad, y en otro donde decide enviarlo a prisión. Al no existir diferencia entre ambas situaciones, la decisión del juez es una cuestión de suerte o azar y, como éstos no pueden controlarse, la decisión que toma no es libre.
Sin embargo, los libertaristas pueden defenderse de este argumento considerando que la decisión del juez no es como lanzar una moneda al aire (que sería un verdadero suceso azaroso), porque en el caso de la moneda no se puede controlar si saldrá cara o cruz, pero en el caso del juez sí está en sus manos y en su control la decisión sobre el acusado.
Eccles recurre al dualismo para defenderse de argumento de la suerte, apelando a un yo consciente, espiritual y distinto al cerebro que sería quien tomara la libre decisión.


Mediando entre el libre albedrío y el determinismo se encuentra el compatibilismo, llamado así porque considera que ambos son compatibles entre sí, porque, aunque nuestras causas puedan estar determinadas, podemos ser libres. Es decir, aunque la herencia genética, la educación o el entorno influyan en nuestras decisiones, no es necesario controlar esas causas para ser libres.
Y es que, para que una acción sea libre no tiene que carecer de una causa, sino de coacción. Causalidad no es lo mismo que coacción. Si una acción está causada por nuestros deseos puede ser libre.


El compatibilismo tiene su origen en Aristóteles. Más tarde Tomás de Aquino defendió esta idea porque si las personas no pudieran actuar de forma distinta, el concepto del pecado sería inconsistente. El compatibilismo clásico se debe a pensadores como Hobbes o Hume. Sin embargo, esta postura se aproxima más a la libertad de acción que a la libertad de voluntad. Actuamos libremente cuando no tenemos obstáculos para realizar nuestros fines y propósitos, y tenemos voluntad libre cuando somos nosotros mismos quienes creamos esos fines y propósitos. Así, por ejemplo, cuando un drogadicto que no quiere serlo toma drogas, lo hace porque quiere hacerlo y, por tanto, según el compatibilismo clásico sería libre, sin embargo, no lo hace siguiendo su voluntad.
Refinando el compatibilismo clásico el filósofo Harry Frankfurt defiende que la voluntad libre es el poder actuar por un deseo con el que la persona se identifica y quiere actuar. Se trata de un deseo reflexivo no sobre la acción, sino sobre la voluntad. La persona quiere que el deseo de realizar algo sea el que le mueva a actuar por encima de otras inclinaciones.


Frankfurt sostiene además que, para que una persona sea moralmente responsable, no es necesario el haber tenido la oportunidad de haber actuado de otro modo. Esto se conoce como el principio de posibilidades alternativas (PPA)
Como expusimos en la primera entrada, el determinismo elimina la responsabilidad moral, puesto que una persona solo puede ser moralmente responsable de sus acciones si puede actuar de manera distinta a como lo hace. El PPA defiende que una persona solo podía haber hecho lo contrario si el determinismo es falso y, por tanto, solo es responsable de su acción si éste lo es.
Los compatibilistas piensan que una persona puede poseer libre albedrío incluso si el determinismo es verdadero. Veamos un ejemplo:


Jones quiere matar a Smith. Black es un neurocirujano que quiere que Jones lo haga y para asegurarse le ha implantado en el cerebro, sin que él lo sepa, un dispositivo que le permite acceder a su proceso de deliberación. Si Black advierte que la decisión que va a tomar Jones es de no matar a Smith, puede mediante un botón especial forzarle a cambiar de decisión y matarlo. Si, por el contrario, advierte que, si decide matarlo, no intervendrá. Al final, Jones delibera y decide por sus propios motivos matar a Smith.


Para Frankfurt, Jones tendrá la misma responsabilidad por haberlo matado que si Black no le hubiera puesto el dispositivo en el cerebro. Es irrazonable excusar a Jones apelando a que no pudo haber actuado de otro modo, puesto que esto no fue decisivo para que lo matara, por lo que considera que el PPA es falso.

Como se puede ver, el debate entre compatibilismo e incompatibilismo no está cerrado, por lo que la existencia del libre albedrío sigue siendo otro gran misterio por resolver.

Referencias:

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