¿Zombis o Fantasmas? II

La física cuántica también ha aportado su granito de arena a la explicación sobre la consciencia. Una propuesta muy interesante viene de la mano del físico Roger Penrose y el anestesista Stuart Hameroff. Penrose sostiene que la relatividad general se puede llevar a escala muy pequeña. Al igual que una gran masa puede causar una curvatura del espacio-tiempo, las partículas cuánticas que se encuentran en dos lugares al mismo tiempo (superposición) pueden crear entre ellas una pequeña cantidad de curvatura resultando una bifurcación en la geometría del espacio-tiempo que se auto-colapsa hacia una curva u otra.

Si para la “interpretación de Copenhague” la medida produce el colapso de la función de onda y para Von Neumann es necesario que exista un “observador” externo al sistema que escape al comportamiento de la mecánica cuántica, para Penrose la superposición cuántica también puede ser colapsada mediante la observación consciente, pero el problema surge cuando el sistema en superposición no puede ser observado desde fuera como la actividad cuántica que se produce dentro del cerebro. En ese caso, explica que al encontrarse el espacio-tiempo también en superposición se auto-colapsa al existir una diferencia de energía superior a un quantum de gravedad (gravitón), es decir, se produce por una cuestión física (objetiva). Cuando esto sucede surge la conciencia, por tanto, la conciencia no causa el colapso de la onda, sino que la conciencia es el colapso de la función de onda. Para llevar esta explicación al cerebro contó con la colaboración de Hameroff elaborando la teoría de la “Reducción Objetiva Orquestada”.

Se había observado que la anestesia desconectaba la mente porque interaccionaba con una proteína de los microtúbulos denominada tubulina. Los microtúbulos son unas estructuras que se encuentran en las neuronas con un tamaño de 25 nanómetros de diámetro y un milímetro de longitud formadas por dímeros de la proteína tubulina dispuesta en 13 columnas. Los dímeros están formado por dos subunidades (alfa y beta) que puede tener dos configuraciones geométricas distintas dependiendo de que el electrón situado entre ambas se desplace hacia una u otra posición. La tubulina se encuentra en superposición cuántica en esos dos estados y se comporta de forma activa e inactiva como si fueran bits informáticos equivalentes a 1 y 0. En estado normal se encontrarían en “entrelazamiento cuántico” formando “qubits”. Cada qubit es un dímero de tubulina. Los cambios de estado de las tubulinas se propagan un millón de veces más rápido que las señales neuronales. 




¡¡¡Un millón de veces más rápido que las señales neuronales!!!

Cada neurona posee 10 millones de unidades de tubulina y existen cien mil millones de neuronas en el cerebro. Cuando se llega a un nivel determinado de coherencia en el microtúbulo (existe coherencia mientras dura la superposición) el desplazamiento de estas proteínas provoca un incremento de energía superior al gravitón, produciéndose la reducción objetiva, es decir, el colapso de la onda cuántica y reduciéndose los múltiples estados conscientes posibles a uno solo que sería el responsable de producir los qualia. Entre la fase de reducción y la de nuevo incremento de coherencia cuántica surge la conciencia. La conciencia es pues discontinua, pero al igual que los fotogramas de una película, nos parece continua por la rapidez con la que suceden, unas 40 veces por segundo. 

A pesar de la similitud entre cerebro y computadora, Penrose defiende que la actividad mental no puede reducirse a la computación, es decir, que no puede ser reproducida por un ordenador. 

Hameroff opina que cuando el corazón deja de latir y la sangre deja de fluir, los microtúbulos pierden sus estados cuánticos, pero la información cuántica que reside en ellos no se destruye, sino que se disipa en el universo. Si un paciente no es resucitado y muere, esta información podría existir fuera del cuerpo indefinidamente, como si fuera algo parecido al alma. La teoría de la “Reducción Objetiva Orquestada” se basa en la creencia de que dentro de la geometría cuántica del espacio-tiempo a escala de Planck y desde el big bang existe una especie de conciencia (protoconciencia).  La actividad cuántica de los microtúbulos es la que permite la conexión con esta protoconciencia. Este enfoque se puede encuadrar dentro de un pansiquismo especial, pues defiende que la conciencia forma parte del universo en su nivel más pequeño y primordial posible.

¿Pero qué es el pansiquismo?

Para esta creencia hasta las partículas elementales que existen a nivel microscópico poseen propiedades mentales, pues considera que la mente es un elemento fundamental y omnipresente de todo el universo. No se trata, por ejemplo, de que una piedra posea una mente, sino que las partículas elementales que forman la piedra a nivel microscópico la poseen. 

Que no, que las piedras no tienen pensamientos

Y cuando se habla de mente hay que distinguir entre pensamiento y conciencia. La conciencia está relacionada con la experiencia, es decir, la capacidad de percibir el mundo y sentirse vivo. Los seres humanos poseemos una experiencia rica y compleja, pero a medida que la comparamos con los animales y las plantas se va perdiendo complejidad hasta llegar a los componentes básicos de la realidad (electrones, quark…) cuya experiencia sería extremadamente básica. Por otro lado, el pensamiento al ser mucho más sofisticado que la conciencia se duda que se pueda atribuir a las partículas elementales. Por tanto, no, no es posible que un electrón pueda tener esperanzas o sueños. La principal crítica se hace al pansiquismo es cómo estas partículas diminutas y simples de conciencia se combinan para formar una conciencia más compleja.

Si existe procesamiento de información, existe consciencia

La forma más simple de conseguir leyes fundamentales que relacionen el pensamiento con la física es vinculando la consciencia a la información, es decir, siempre que existe procesamiento de información existe consciencia. Cuanto más complejo sea dicho sistema, como el de un ser humano, más compleja será la consciencia (Existe una forma matemática de medir de saber si un sistema es consciente mediante la “Teoría integrada de la información” de la que hablaremos en la siguiente entrada). 

¿Se podría saber entonces si es consciente el cosmos en su conjunto?

Desde esta perspectiva lo que sí se podría afirmar es que existe consciencia en las computadoras pues éstas poseen un proceso de información complejo e integrado y cuanto más sofisticadas se vuelvan más compleja será su consciencia.

Referencias:

 Una exploración de la conciencia cuántica. (Entrevista con Stuart Hameroff) Tom Huston y Joel Pitney . EnlightenNex, número 46 (2010)

La posibilidad de una “neurociencia cuántica” según Roger Penrose.  Desiderio Parrilla Martínez THÉMATA. Revista de Filosofía Nº 54, julio-diciembre (2016)

– Somos fragmentos de naturaleza arrastrados por sus leyes. Martín López Corredoira

– Roger Penrose y la biofísica cuántica de la mente. Joaquín González Álvarez. H Enciclopedia 

– Aspectos biosemióticos de la conciencia. Oscar Castro García. Pensamiento, vol. 62 (2006), núm. 234

– Nuevas teorías sobre la consciencia. Javier Andrés García Castro. Neurobiología. Revista Electrónica 

– Panpsychism.Stanford Encyclopedia of Philosophy

– Panpsiquismo: cómo es la teoría de que todo, desde una roca hasta una casa… BBC News Mundo

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