Misterios de la Identidad

¿Quién eres tú? II

¿Qué pasaría si pudieras fusionarte con las inteligencias artificiales y convertirte en un superhéroe, como en el manga “Ghost in the shell”?

¿Crees que seguirías siendo tú o piensas que te convertirías en una persona completamente distinta?

Como no todo el mundo conoce el cómic, vamos a hacer una breve referencia del mismo. Ghost in the Shell, son unos mangas futuristas de espionaje creados por el dibujante japonés Masamune Shirow, cuya primera edición se remonta a 1989. Están protagonizados por la mayor Motoko Kusanagi, encargada de operaciones antiterroristas, que posee un cuerpo artificial y un cerebro humano, pero conectado a otras inteligencias, bases de datos e incluso a otras consciencias.

Con estas premisas puedes pensar que, si fueras tú, te habrías convertido en un superhéroe o superheroína, con un cuerpo poderoso y una mente tremendamente inteligente, ¿no?, sin embargo, lo más probable es que sufrieras, como la protagonista, una crisis de identidad constante, porque en el fondo de tu mente habrían pensamientos que no sería generados por ti.

¿Dónde quedarían entonces los límites de lo que eres realmente tú?

La sociedad del mañana podría estar constituida por ciborg, es decir, personas que han integrado componentes tecnológicos a sus cuerpos. Al principio serían pequeños cambios en el organismo. Hoy en día existen personas con marcapasos, implantes cocleares, brazos robóticos controlados por el pensamiento o inclusos ojos biónicos rudimentarios. Pero, poco a poco, a medida que la tecnología se desarrolle más, podrían darse mayores cambios y más profundos. Se se podrían introducir chips cerebrales para controlar ordenadores con el pensamiento, implantes de retina avanzada para una visión nocturna o aumentada, implantes de memoria, exoesqueletos inteligentes para aumentar la fuerza o movilidad, implantes de procesamiento de datos con traductores instantáneos y conexión directa con internet. También se podrían integrar órganos artificiales conectados a inteligencias artificiales como páncreas, riñones o corazones.

Posthumano

Y así, una persona dejaría de un ser humano para convertirse en una máquina, surgiendo la pregunta:

¿Si fueras tú, quedaría algo de ti debajo del caparazón mecánico en el que te habrías convertido?

Existe una leyenda griega que nos habla del barco en el que volvieron desde Creta, Teseo y los jóvenes ateniense que le habían acompañado en su aventura. Esa nave, que era muy antigua, estuvo sometida a múltiples arreglos, pues durante años le fueron reemplazando todas las tablas y sustituyéndolas por otras más resistentes. Aquella labor de sustitución en el tiempo hizo a los sofistas de Atenas plantearse si, el barco en que Teseo y sus tripulantes habían regresado, era el mismo que salió de Creta. Desde la más remota antigüedad el ser humano ya se planteaba el problema de la identidad y el cambio.

Esta paradoja se refleja en el caso de la mayor Kusanagi. Ella nació como una niña humana, pero tras un accidente casi mortal, su cuerpo fue sustituido completamente por un cuerpo robótico. Sin embargo, su consciencia, lo único que quedaba de ella, fue transferida a un cerebro artificial. Aquí surge una pregunta fundamental:

¿Es posible transferir la consciencia a un soporte no biológico?

El filósofo David Chalmers plantea que sí, y para explicarlo, propone un experimento mental similar al barco de Teseo. Imagina que reemplazamos, una a una, las neuronas del cerebro humano por chips de silicio que replican perfectamente sus funciones, entonces la consciencia no se desvanecería en el proceso, ni desaparecería repentinamente, sino que continuaría de forma coherente, conservando la misma esencia. Por lo tanto, un cerebro simulado podría mantener la misma consciencia que el original.

Pero, la mayor tiene que enfrentarse a más problemas existenciales, y es Kusanagi, al haber crecido en un cuerpo artificial no conoce los sentidos que podría haber tenido con su cuerpo humano, ni las virtudes ni los defectos que acompañarían a éste. Esto le plantea dudas sobre si sigue siendo humana o no y da lugar a la pregunta…

¿Qué nos hace ser humanos?

En la película Yo, Robot (2004), basada libremente en el libro de Isaac Asimov del mismo nombre, se plantea una cuestión similar, pero desde una perspectiva diferente. El protagonista, un robot llamado Sonny, experimenta sueños, deseos, emociones e incluso posee una consciencia moral. Esto lo lleva a preguntarse si esos rasgos lo convierten en humano. Como vemos, el concepto de humanidad es más complejo de lo que podría parecer. Tal vez no se limite a la humanidad biológica, sino que podría involucrar un conjunto de pensamientos, emociones y, sobre todo, una consciencia que, en teoría, podría ser instalada en un soporte completamente artificial.

Sonny

Quien sabe si en la sociedad del mañana, ciborg y robots compitan por parecer cada vez más humanos, mientras la verdadera humanidad va desapareciendo lentamente en manos de una tecnología cada vez más invasora. Sea como sea, lo importante es reconocer quienes somos y preservar aquello que nos hace ser humanos.

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Referencias

  • Shirow, M. (1989). The Ghost in the Shell. Manga original publicado por Kodansha.
  • Camacho Corredor, M.J A. Filosofía y anime: Akira y Ghost in the shell a través de la mirada empirista de la identidad personal. Univ. Pedagógica Nac. Bogotá
  • Plutarco. Vidas paralelas («Vida de Teseo»).
  • Chalmers, D. (1996). The Conscious Mind: In Search of a Fundamental Theory. Oxford University Press.
  • Asimov, I. (1950). Yo, robot.
  • Wikipedia. Ghost in the Shell

Yo, Ameba I

¿Te imaginas vivir en un mundo donde, cada vez que tomas una decisión, te dividieras en dos y la otra parte de ti decidiera hacer lo contrario? ¿y si siguieras conectado a ese otro tú?

¡¡¡Uff, qué sensación tan extraña sería!!!

En la teoría de los “Muchos Mundos” de Everett, a la que nos referimos en la entrada “La Historia Interminable II” comentábamos que, cada vez que se produce una observación cuántica, el sujeto implicado experimenta cada posibilidad a la que de lugar dicha observación, en un universo diferente. Aquí, no hay colapso de onda, los observadores son parte del sistema cuántico, enredándose con él de tal forma que no se puede definir el uno sin el otro. Se encuentran, por tanto, en superposición con ellos mismos, aunque en diferentes universos.

Así, si aplicáramos esta idea al experimento del gato de Schrödinger, y fuese yo quien abriera la caja, observaría un gato vivo y un gato muerto, dependiendo del universo donde me encontrara, pero sólo sería consciente de una de las dos posibilidades. Pero, el hecho de que los observadores estén en superposición consigo mismos plantea un gran problema, porque… ¿Cuál de ellos seríamos?

Bienvenidos al misterio de la identidad personal o, en otras palabra, cómo contestar a la vieja pregunta… ¿Quién soy yo?

El propio Everett  fue consciente de este problema a raíz de su teoría, haciendo la siguiente analogía sobre la identidad :

La identidad personal se podría definir como aquello nos hace ser lo que somos, aquello que nos hace ser la misma persona en dos momentos de tiempo diferente, aunque todo lo demás cambie. Algunas teorías defienden que poseer una existencia corporal continua es condición suficiente para que la persona sea la misma en el tiempo, pues el ser humano es un organismo biológico y no hace falta una relación psicológica para su continuidad. Pero esta idea no deja de tener situaciones que la ponen en duda, y es que incluso los objetos inanimados pueden no cumplir esta condición. Si queréis ver un ejemplo os invito a que leáis una paradoja muy curiosa denominada “La nave de Teseo” donde se plantea esta idea. Pero incluso la propia persona se va transformando con el tiempo y deja de existir una continuidad física. De hecho, según los científicos, el cuerpo humano se reemplaza completamente con nuevas células cada 7 a 10 años.

Otra perspectiva considera que, es la mente lo que nos hace ser lo que somos, entendiendo ésta como una sustancia inmaterial independiente del cuerpo. Su persistencia en el tiempo, aunque todo cambie, sería una forma de describir la identidad.

Pero volvamos a la física cuántica. Para superar la extraña idea de que los observadores pudieran estar en superposición consigo mismos, surge una nueva interpretación muy similar a la de los “muchos mundos” denominada “Muchas Mentes”.

Fue introducida en 1970, por H.Dieter Zeh; y por los filósofos David Albert y Barry Loewer en 1988. En esta teoría no es el universo el que se ramifica, sino la mente. Cuando ocurre un suceso cuántico, los ojos, el cuerpo y el cerebro de la persona están en un estado indefinido observando todas las posibilidades al mismo tiempo, pero la mente no lo está y elige aleatoriamente uno de los resultados. Para que esto sea posible, cada cerebro debe tener asociadas una infinidad de mentes para que se puedan distribuir según la regla de Born.

La posibilidad de que se experimente una mente depende de su mayor probabilidad en el estado cuántico. Aunque esas mentes comparten un mismo pasado, cada una experimenta un presente y un futuro diferente, sin posibilidad de comunicarse entre sí. Esta interpretación se basa en una teoría dualista de la mente, ya que considera mente y cuerpo cosas distintas e independientes entre sí. Esto se conoce como dualismo radical y nos lo puede describir Descartes:

(Sígueme a la segunda parte)

Referencias:
Many Mind. Yoav Aviram
– How We Came to Know the Cosmos: Light & Matter. Helen Klus
– Personal Identity- Wikipedia

Yo, Ameba II


La teoría de las “muchas mentes” fue posteriormente reformulada por el filósofo Michael Lockwood en 1996,  pero sin tener que recurrir a una explicación dualista.  Y lo hace de esta forma:

Asociado a un ser existe una serie de puntos de vista conscientes distintos, a los que denomina “mentes” (con minúscula), cuando se produce una experiencia cuántica éstas se ramifican. Si en los “muchos mundos” de Everett existían muchos universos dentro de un multiverso, en la de “muchas mentes” éstas están dentro de un “multiverso” que se identifica con la “Mente” (en mayúscula).El hecho de sentir la “mente” como única lo explica como un producto de la memoria, que obliga a la conciencia a mirar hacia abajo, no pudiendo hacerlo de lado ni hacia arriba, hacia el futuro.


La importancia de la memoria era fundamental para el filósofo inglés Locke cuando, al hilo del problema de la identidad personal, defendía que somos la misma persona si somos conscientes de ser y haber sido. La identidad para Locke descansaba en un criterio psicológico. Esta idea la refleja en el ejemplo del “príncipe y el zapatero” donde imagina que si un príncipe muriera, pero la consciencia de su vida pasada se reencarnara en el cuerpo de un zapatero, ambos, príncipe y zapatero serían la misma persona. Por el contrario, si el alma se reencarnara en otro ser humano, pero sin llevar la consciencia de su vida pasada, entonces serían personas diferentes, pues es la memoria es el elemento que las unifica.

Un objeto tridimensional proyecta sombras en dos dimensiones


Pero, para Lockwood, la “Mente” (en mayúscula) es mucho más compleja y consciente que la “mente“ (en minúscula). Como ejemplo se la puede comparar como un objeto tridimensional que proyecta sombras en 2 dimensiones. Estas sombras equivalen a la realidad que percibimos, pero la Mente es consciente de todas las realidades y de otros mundos y otros tiempos a la vez. La auténtica realidad, la superposición de posibilidades que se producen en una medición cuántica, es demasiado compleja para que la podamos entender, y sólo percibimos una parte de esa superposición borrosa, como la sombra de un elemento complejo. Pero una sombra por sí sola no contiene toda la información, todas ellas juntas nos dan cuenta de una idea de la realidad muy superior. Esto es muy similar al «mito de la caverna» de Platón.

El mito de la caverna de Platón

¿Os imagináis las consecuencias de esta idea?

Si en los mundos de Everett, tras la observación se experimenta cada posibilidad en un universo distinto, aquí cada mundo está dentro de nosotros mismos, en una “supermente”, y en ella se recogen todas esas experiencias, por lo que todas las posibilidades forman parte de lo que somos, aunque no seamos conscientes de ello. Por tanto, si preguntamos ¿Cuál de esas “mentes” (observadores) soy yo? Lockwood nos dice que nos convertiremos en todos ellos y por tanto no tiene sentido la pregunta. El debate sobre la identidad personal no acaba aquí, de hecho se complica bastante. Por ejemplo, para el filósofo británico Derek Parfit, la identidad personal no importa. Un inquietante tema que abordaremos en una próxima entrada.

Referencias:

Many Mind. Yoav Aviram
– How We Came to Know the Cosmos: Light & Matter. Helen Klus
– Personal Identity- Wikipedia
Your many minds and your Mind in the MIND. Giulio Prisco
Shadows and the concept of self. Giulio Prisco

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