¿Te imaginas que pudieras teletransportarte en un instante a cualquier lugar de la galaxia al mejor estilo de Star Trek? Y si no pudieras viajar tan lejos… ¿Te imaginas que pudieras comprar recuerdos que te hicieran creer que has estado de vacaciones en un exótico planeta? La ciencia ficción nos muestra un futuro repleto de situaciones extraordinarias e inquietantes ¿pero podrían ser posibles? Y si lo fueran ¿Qué repercusiones psicológicas y filosóficas nos plantearían?
Star Trek es una serie de culto de la ciencia ficción que sigue las misiones de la nave estelar Enterprise, cuyo objetivo es explorar nuevos mundos y civilizaciones en los confines del universo. En dicha nave existe una sofisticadísima máquina con la que los protagonistas pueden ser teletransportados a la superficie de los planetas que investigan de forma casi instantánea. La idea de la teletransportación también ha sido usada en películas como “La Mosca”, en la serie de televisión “Los simpson” y en muchos videojuegos como Doom 3, Sonic The Hedgehog o Pokémon.

A primera vista puedes pensar que, si te introdujeras en dicho aparato, tu cuerpo va a ser transportado por el universo hacia su destino ¿no? Nada más alejado de la realidad. Tu cuerpo no se movería ni un milímetro, lo que sucedería es que todas las partículas del mismo serían escaneadas para conocer su posición y luego esta información sería transmitida al destino deseado donde, con átomos distintos, se reconstruiría tu cuerpo hasta crear una copia exacta de ti. El original, en cambio, sería destruido. Esto ya lo vimos en la entrada “El Fantasma de Einstein”.
Esta situación plantea algunos problemas tanto desde el punto de vista de la ciencia como de la filosofía. Por un lado, el hecho de intentar conocer la posición de las partículas de tu cuerpo infringiría uno de los principios fundamentales de física cuántica que es el principio de incertidumbre que impide conocer con exactitud la posición de una partícula, lo que haría bastante improbable su fabricación. Pero, también plantearía un tremendo problema filosófico porque… esa máquina te ha asesinado y, sin embargo, sigues existiendo en una copia…
¿pero seguirías siendo tú?
El problema de la identidad es una cuestión muy importante en filosofía y ha dado lugar a muchos debates a lo largo de la historia. Porque…
¿Qué es lo que nos hace ser nosotros mismos?

Para el materialismo somos la misma persona si nuestro cuerpo sigue siendo el mismo, pero en el teletransporte el original se destruye, lo que significaría que la persona que sale del transportador no es la misma persona que entró en él. Sin embargo, esta visión sobre lo que implica la identidad tiene ciertos problemas, ya que nuestro cuerpo está en constante cambio. Cada 7 a 10 años se regeneran todas sus células reemplazándolo por completo, incluso nuestros órganos pueden ser trasplantados y eso no impide que sigamos siendo nosotros mismos. Así pues, esta no puede ser la respuesta.
El filósofo inglés John Locke (1632-1704) pensaba que lo que hace que una persona siga siendo ella misma es la conciencia. No importa si las células cambian, lo que importa es la conciencia y poseer memoria para recordar las experiencias vividas como algo de algo de su propia existencia.

Si puedes recordar experiencias pasadas, entonces eres la misma persona que las vivió. Por tanto, desde el punto de vista de Locke, la persona que saldría del teletransportador serías tú mismo, porque podrías recordar quién eres, por qué estás ahí y lo que has vivido.
Pero ¿Qué pasaría si de repente nos volviéramos amnésicos o si pudiéramos implantarnos recuerdos falsos para tener la sensación de haber vivido experiencias increíbles? Esta es la trama de la película “Desafío Total” de 1990, basada en un relato corto del escritor de ciencia ficción Philip K. Dick. En ella, el protagonista, Douglas Quaid, decide implantarse recuerdos de unas vacaciones en Marte, pero algo sale mal y afloran recuerdos de una vida como espía, por lo que empieza a cuestionarse si su identidad y su realidad han sido creadas artificialmente.

Entonces, si la memoria puede ser manipulada…
¿Cómo se sostiene la idea de Locke de que nuestros propios recuerdos “reales” son lo que define nuestra identidad?
Para complicar aún más la situación, el también filósofo británico Derek Parfit (1942-2017) plantea el siguiente ejemplo. Imagina que el cerebro de una persona es dividido en dos mitades y cada uno se coloca en un cuerpo distinto. Ambas personas compartirían el mismo cerebro y cada uno funcionaría de forma independiente. Habría entonces, dos versiones de la misma persona, con sus mismos recuerdos y pensamientos.

Parfit no cree que la continuidad de la memoria sea lo que define la identidad como pensaba Locke, sino otras características como la misma forma de pensar, las mismas creencias, los mismos proyectos, e incluso algunas memorias, pero no necesariamente todas. Es decir, lo importante es que exista una continuidad psicológica. En este caso, las dos personas tendrían los mismos recuerdos hasta su duplicidad, la misma personalidad, los mismos proyectos vitales y vínculos afectivos. Por lo que, aunque sus vidas se separen seguirán compartiendo una continuidad psicológica. Por tanto, Parfit respondería a la pregunta…
¿Cuál de las dos consciencias eres tú?
«Ambas eres tú»
Pero existen más planteamientos extraños surgidos de la ciencia ficción que involucra a la identidad personal y sus extravagantes consecuencias. Si quieres sumergirte en esta fascinante búsqueda de respuestas sobre la identidad a través de la cultura popular, sígueme en las siguiente entrada.
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Referencias:
- Locke, J. (1689). Ensayo sobre el entendimiento humano. Libro II, Capítulo XXVII: «Sobre la identidad y la diversidad».
- Dick, P. K. (1966). Podemos recordarlo por usted al por mayor (We Can Remember It for You Wholesale). Relato corto publicado originalmente en The Magazine of Fantasy & Science Fiction (Base de la película Desafío Total).
- Parfit, D. (1984). Reasons and Persons (Razones y Personas). Oxford University Press. Parte 3: «Personal Identity».

